Punto de quiebre

14 sep 2019 / 00:01

    Un barrio de blancos empieza a cambiar su composición rápidamente desde el momento en que un 15 % de sus inmuebles son habitados por negros, o viceversa, dicen las estadísticas, los estudios y en última instancia, las decisiones políticas que se toman al respecto. El ejemplo, aunque odioso, grafica inmejorablemente el concepto de punto de quiebre propio de las decisiones de acción social.

    ¿Cuál es el nivel de corrupción a partir del cual se moviliza la sociedad? ¿Existe? ¿Cuál es el límite de tolerancia de un gobierno ante sus funcionarios-amigos-corruptos, antes de pedir su renuncia?

    Nos preocupamos generalmente de los factores que deben motivar la sanción, pero pocas veces reparamos en la cantidad: ¿es lo mismo que la opinión sobre esos factores sea compartida por decenas, centenas o millones de personas? Más importante aún, ¿qué tan manifiesto tiene que ser el problema en el día a día de esos cientos o millones de personas?

    Además de compartir una opinión, la ingeniería social cree que la cantidad y la frecuencia de interacciones es igual de importante para el condicionamiento que el contenido. No basta lamentarse la corrupción frente al periódico cada mañana...

    El ejemplo segregacionista es ilustrador porque quienes se mudan lo hacen cuando sus infinitas interacciones sociales cotidianas han cambiado en un sentido indeseable. ¡Con el 15 % de vecinos!

    Hoy podemos medir y programar cuánto del tiempo en pantalla o qué porcentaje de nuestras interacciones pueden ser dedicadas a tal o cual red, juego o problema. Si nos preocupa la corrupción, es ahí que deberíamos hacer tangibles los perniciosos efectos del huasipunguismo político actual, para que este tema deje de ser un dramático objeto de literatura ética o moral.

    Sin duda el punto de quiebre en asuntos sociales depende de factores culturales. La sapada criolla es una marca del mismo electorado del que quisiéramos ver la sanción que no llega. Por eso debemos fijarnos más en los medios de ingeniería social que en la base cultural de nuestras taras.

    Tal vez bastan cuatro moralistas para que toda la sociedad cambie. Pero ellos necesitan nuevos y mejores medios para lograr un punto de quiebre.

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

    TAGS:
    TE RECOMENDAMOS
    A LA CARTA