Peligroso juego EE.UU. - Irán

07 oct 2019 / 00:01

    Estados Unidos e Irán se desafían en el Golfo Pérsico y su conflicto asimétrico amenaza con salirse de control. A menos que el resto del mundo se involucre, el peligroso juego que ambos países están jugando puede terminar en una confrontación directa. Puede afirmarse que la escalada comenzó en mayo de 2018, cuando EE. UU. anunció su retirada del acuerdo nuclear de 2015 con Irán y el restablecimiento de sanciones. Como Irán no tiene capacidad para responderle a EE. UU. en especie, tuvo que apelar a la creatividad. En primer lugar, presionó a los aliados europeos de EE. UU. (como Francia, Alemania y el Reino Unido, así como la UE) con el argumento de que deben intervenir para garantizarle los beneficios que supuestamente le traería el Plan de Acción Integral Conjunto (nombre formal del acuerdo de 2015).

    En tanto, Irán redujo el cumplimiento de varios de los compromisos que asumió conforme al PAIC; por ej.: superó los límites de enriquecimiento nuclear acordados y reanudó la investigación de centrífugas avanzadas. A diferencia de la UE, el gobierno del presidente estadounidense Donald Trump parece incapaz de comprender el riesgo que esto supone. Además, Irán está librando una guerra asimétrica en el Golfo Pérsico y la Península Arábiga. En los últimos meses capturó varios buques petroleros extranjeros. También derribó un dron espía del ejército estadounidense sobre el Estrecho de Ormuz (corredor marítimo vital para el transporte de petróleo) y parece ser el responsable de una serie de actos de sabotaje en buques cercanos. Se le han atribuido además los ataques a instalaciones petroleras sauditas lanzados por los rebeldes hutíes de Yemen, a los que Irán respalda. Que estos episodios puedan atribuirse directa o indirectamente a Irán no tiene demasiada importancia, pero sí que coinciden con la declaración que formuló en 2018 el presidente iraní Hassan Rouhani: si a Irán se le impedía la venta de petróleo, “no habrá exportación de petróleo desde el Golfo Pérsico”.

    EE. UU. e Irán han jugado todas sus cartas en esta partida, por lo que es probable que esté por comenzar una más peligrosa. Eso no implica necesariamente una guerra convencional declarada. Pero podría ocurrir que otros países, como Arabia Saudita e Israel, lancen ataques asimétricos propios, e incluso que lo haga EE. UU. (todos estos actores ya tienen experiencia en esta clase de acciones, aunque no a gran escala). Conscientes del peligro de una escalada de guerra asimétrica continua, los firmantes europeos del PAIC y actores regionales como los Emiratos Árabes Unidos han propuesto medidas para desactivar el conflicto. La primera y principal es iniciar conversaciones directas entre Irán y EE. UU. (algo en lo que al parecer los europeos están trabajando).

    Conviene que Europa descarte ideas exageradas sobre un encuentro entre los presidentes de ambos países. Basta que sean otros funcionarios de alto nivel, y pueden reunirse en el contexto de diversos marcos bilaterales o multilaterales. Los otros firmantes del PAIC (China, Francia, Alemania, Rusia, el RU y la UE) quieren salvar lo que se pueda del acuerdo de 2015, pero también es necesario que se involucren los vecinos de Irán. Hay también en discusión otras ideas para aliviar tensiones, que ayudarían a compensar la pérdida de ingresos petroleros de Irán derivada de las sanciones, y se han propuesto varios planes para entablar conversaciones sobre la seguridad regional. Estas iniciativas dan algunos motivos de esperanza. Pero la situación es cada vez más delicada, y puede ponerse mucho peor.

    VOLKER PERTHES

    Presidente y director de Stiftung Wissenschaft und Politik (SWP), el Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad, con sede en Berlín.

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