OTAN: la paradoja de Stoltenberg

14 abr 2019 / 19:11

    En su 70.º aniversario, la OTAN enfrenta los desafíos más difíciles desde el fin de la Guerra Fría: la ilegal anexión de Crimea y la invasión del este de Ucrania por Rusia, las hirientes críticas del presidente estadounidense Donald Trump y la metamorfosis en “Pequeña Inglaterra” del RU a instancias del brexit. A pesar de estos reveses, estos últimos años la OTAN fortaleció considerablemente su compromiso con Europa Central y del Este. Pero aún debe hacer más. EE. UU. y sus aliados europeos en la OTAN no coinciden en cuestiones importantes como el gasto en defensa, el comercio internacional, el cambio climático y el acuerdo nuclear de 2015 con Irán; así lo reconoció recientemente el actual secretario general de la alianza, Jens Stoltenberg, aunque señaló correctamente que la cooperación militar dentro de la OTAN hoy está en su mejor nivel en años. Tal vez esta “paradoja de Stoltenberg” sea el progresivo fortalecimiento del flanco oriental de la OTAN (incluida Polonia). Stoltenberg destacó sus últimas reformas, como la formación de la nueva Fuerza de Tareas Conjunta de Muy Alta Disponibilidad. Además, la alianza llevó a cabo una serie de ejercicios militares a gran escala a lo largo de su flanco oriental, para mostrar a Rusia que se toma muy en serio sus obligaciones hacia cada uno de sus Estados miembros (Polonia y los Estados bálticos tienen frontera con Rusia) y un despliegue rotativo de batallones multinacionales en países del flanco oriental. Esta Presencia Mejorada de Avanzada incluye la transferencia de soldados y equipos estadounidenses a la región. Esto es esencial para la doctrina actual de la OTAN, que apunta a la capacidad de despliegue rápido de refuerzos como medio de disuasión. Pero ¿bastará para prevenir una posible agresión rusa durante 30 días? De producirse, las fuerzas de avanzada de la OTAN en el lugar no podrían dar protección, sobre todo si antes de la llegada de refuerzos Rusia capturara la brecha de Suwałki, frontera con Polonia o alguno de los Estados bálticos. En tanto, las intervenciones de Trump han generado otras cuestiones más espinosas de índole política. Pero la incertidumbre en relación con la alianza no es excusa para que las autoridades europeas hagan propuestas fantasiosas, como la creación de un ejército europeo independiente de la OTAN, la “autonomía estratégica” del presidente Macron con un Tratado Europeo de Defensa y Seguridad y un Consejo Europeo de Seguridad que incluiría al RU después de que abandone la UE. Europa debe emplear los mecanismos y herramientas que ya tiene y seguir mejorando sus capacidades militares sin tener que crear estructuras nuevas que trasciendan su marco jurídico actual. La dirigencia europea debe decidir el futuro de los Grupos de Combate de la UE y considerar seriamente la ampliación de la Capacidad Militar de Planificación y Ejecución de la UE, para tener después de 2020 un Comando Operativo de la UE plenamente constituido. Todas esas iniciativas dentro del marco jurídico de la UE fortalecen a Europa sin debilitar el papel de la OTAN. Esperemos que la paradoja de Stoltenberg desaparezca y que la alianza profundice sus esfuerzos militares para disuadir una posible agresión rusa, reduciendo tensiones políticas entre EE. UU. y sus aliados europeos. Polonia y el flanco oriental de la OTAN están mirando atentamente.

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