El socialismo chino

23 sep 2019 / 00:01

El politólogo estadounidense Francis Fukuyama, en su libro ‘Fin de la historia’, sostuvo que con el hundimiento de la URSS la humanidad entró en una nueva era: la de los partidarios de la teoría de la libre empresa. El mejor ejemplo es el fracaso del sistema soviético. Las reformas económicas emprendidas por la China popular a partir de 1979, según ellos, los comunistas chinos, han estimulado su economía, admitiendo la libre empresa y beneficios que se obtienen en la manera que la manejan, incluso pasando por encima de la nefasta era maoísta y su supuesto ideal de igualdad.

Los chinos definen el capitalismo como un sistema económico basado en la propiedad privada de los medios de producción e intercambio. Ese sistema fue erradicado en la China popular en el periodo maoísta (1950-1980) y efectivamente se reintrodujo en el marco de las reformas económicas de Deng Xiaoping a partir de 1979. De esta forma se inyectó una dosis masiva de capitalismo en la economía, con la dirección del Estado. La liberalización parcial de la economía y la apertura al comercio internacional fueron decisiones oportunas.

Para los dirigentes chinos se trataba de incrementar los capitales extranjeros para acrecentar la producción interna. Dicen que asumir la economía de mercado era un medio, no un fin. En realidad el significado de las reformas se entiende sobre todo desde un punto de vista político. “China es un Estado unitario central. Para preservar su control absoluto sobre el sistema político, el partido debe ejercer un control total para mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, que es muy baja todavía. La autoridad política debe dirigir la economía de manera que produzca más riqueza de forma más eficaz.

Según ellos: la economía de mercado es un instrumento, no una finalidad; la apertura es una condición de eficacia y conduce a alcanzar y superar a Occidente”. Es por lo que la apertura de China a las inversiones internacionales fue masiva, pero controlada, como veremos después: a medias... China importa los componentes de la fabricación de bienes de consumo industriales (electrónica, textil, química). La mano de obra china, muy barata, hace el ensamblaje; después las mercancías se venden a los mercados occidentales. Además, no se toman rigurosas medidas para las ya famosas copias que invaden muchos mercados del mundo.

La nueva liberalización del comercio fue uno de los principales mecanismos que han permitido liberar el enorme potencial de la población. Los chinos no aceptan que China se convirtió en “capitalista” después de haber sido “comunista”; que haya capitalistas en China no convierte al país en “capitalista”, según su gobierno, si se entiende con esta expresión un país donde los dueños de capitales privados controlan la economía y la política nacionales. Pero en la realidad China se ha vuelto “capitalista” por la fuerza de las cosas y esa transformación es irreversible.

Dirigido por un poderoso partido comunista, el Estado chino es un Estado fuerte. Controla la moneda nacional, controla casi la totalidad del sistema bancario. Vigilados de cerca por el Estado, los mercados financieros no desempeñan el papel que se arrogan en Occidente. Para algunos economistas “la economía china no es una economía de mercado, ni una economía capitalista”. Tampoco un capitalismo de Estado, porque en China es el propio mercado el que está controlado por el Estado. Pero si el régimen chino tampoco es un capitalismo de Estado, ¿entonces es “socialista”, porque ejerce el control de la economía?

Es cierto que el maoísmo acabó con 150 años de decadencia, de caos y de miseria. China estaba fragmentada, devastada, primero por las guerras occidentales, y luego por la invasión japonesa y la guerra civil. Mao la unificó. En 1949 era el país más pobre del mundo, a pesar del fracaso del “Gran salto adelante”. El Partido Comunista de China no renuncia a su papel dirigente en la sociedad, aunque acaba de recibir un fuerte remezón con la actitud de los ciudadanos de Hong Kong, que han hecho respetar el tratado en que Gran Bretaña cedió ese territorio a China con varias condiciones, entre otras, el no poder extraditar a sus ciudadanos para ser juzgado por el politizado Poder Judicial de China.

Pese al control del Estado, en ciertos rubros, los millonarios chinos se han multiplicado. Basta nombrar al dueño de Alibaba, Jack Ma; a Wang Jiahm, Li Ka Shing Robin y Wang JIng, el chino que ofreció financiar la construcción del canal en Nicaragua (proyecto que fracasó por la resistencia popular del pueblo nicaragüense); son unos de los 3.000 multimillonarios que señala la revista Hurus (Forbes de China). De ellos solo el 1 % ha sido investigado. Esto demuestra que el control del Estado es limitado y que el capitalismo en China va ganando un enorme espacio. Ellos han encontrado la fórmula para mantener el control del Estado pero dejar libre el comercio, con el afán de, algún día, convertirse en la primera potencia económica mundial.

¿Es comunista o capitalista China? ¿O ejerce el capitalismo del Estado?

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