Mis mujeres

08 mar 2018 / 00:00

    Las historias son tantas. Y entre esas tantas no es fácil seleccionar una para escribir mi columna en el Día Internacional de la Mujer. He pedido que compartan conmigo sugerencias para reconocer a alguna mujer en este día. Amigos, conocidos, seguidores, en su mayoría han coincido en el reconocimiento a la mujer-madre. Otros a la mujer-esposa y a la mujer-compañera,

    Mas allá del entusiasmo con el que he recibido ese íntimo sentimiento de aprecio a la mujer en esos roles, me ha dado mucha satisfacción que, al final de toda la discriminación, exclusión y abuso a las mujeres, hay un montón de varones que responden con ahínco público su reconocimiento al compañerismo de la mujer, un compañerismo de igual a igual; que ven a la mujer hombro a hombro hasta llegar a apreciar su sapiencia, que ilumina con rapidez los ratos oscuros. Esas manifestaciones no nos ciegan ante el camino que aún nos toca recorrer. Demasiado drama y profundo dolor generan la conducta de hombres a los que les queda grande el nombre, en lo privado y en lo público. Pero volvamos a la bondad que emerge cada vez más fuerte y a la que vemos en tantos espacios, encuentros, premiaciones, reconocimientos, abrazos, alegría, satisfacción del deber cumplido. Espacios donde brillan los ojos de aquellas a las que la sociedad les dice: gracias por esa lucha que nos hace más fácil la vida. Sí, eso es lo que veo, eso me transmiten las sonrisas de mujeres que hasta hace poco han enterrado a sus hijas por femicidio pero que son fieles a la causa de una vida sin violencia para las mujeres; el rostro de las madres que no bajan los brazos para sostener un cartel que grita que le devuelvan a su hijo desaparecido hace años; el abrazo fraterno de las mujeres que no se dejan mancillar porque son lesbianas y exigen, con todo derecho, tener los mismos derechos que todos.

    Esas son mis mujeres, esas son las mujeres que honro en este día y a las que agradezco porque su existencia conmueve y nutre de esperanza. A ellas, a las madres que aman a sus hijos sabiendo que se van a ir, a las compañeras de trabajo que buscan mejor ambiente laboral, a las activistas, a las que empujan las barreras y abren los brazos de su voluntad para construir un mundo con más amor e igualdad.

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