Medalla de oro

16 feb 2018 / 00:00

    Corea del Norte se llevó el oro en estos juegos olímpicos. No la delegación, sino Kim Jong-un. Y no por casualidad, cada movimiento estuvo calculado y premeditado. Esta vez los juegos se llevaron a cabo en Corea del Sur. Aquel vecino con el que alguna vez no conoció fronteras. Un país que en 1948, en el paralelo 38, pasaba a convertirse en dos universos enfrentados. Es entendible que en este drama histórico se espere aún el final de cuento de hadas, en el que las dos Coreas se reconcilian y por qué no, a lo Alemania, se reunifican. Para esta fantasía nada resulta más esperanzador que verlas desfilando bajo una misma bandera. El público quedó fascinado.

    Jong-un tuvo oro en las siguientes categorías: puesta en escena y eliminación de la competencia. El aparente esfuerzo por acercamiento entre las dos Coreas es la antítesis del discurso de Trump. Mientras Estados Unidos lo califica como la amenaza más seria para la humanidad y pelea por quién tiene el botón más grande, las otras dos se toman una foto frente al mundo, sonriendo: todo está bien. Estamos trabajando por la paz. ¡Quién no quiere creerlo! A Mike Pence le tocó la desagradable tarea de recordarnos que nada más lejano al show que habían montado. Con este jueguito Corea del Norte consigue: primero enfocar la problemática como un asunto regional (y no internacional) que debería ser solucionada entre ambas naciones y, por lo tanto, América sobra. Segundo, EE. UU. carece de fuerza y liderazgo, por más que Trump despotrique con toda su fuerza contra el “Little Rocket Man”. Lograron que Seúl (su aliado histórico) se desalineara del discurso de la Casa Blanca e hiciera su propia política. Y tercero (y más preocupante), envían un mensaje donde Jong-un deja de ser el maniático dictador del siglo, para ser alguien que estaría dispuesto a trabajar por la paz, dejando a EE. UU. como la parte que busca el conflicto; los negados a trabajar con ellos. Y mientras en el sur las dos Coreas prendían juntas “la llama de la paz”, al norte se llevaba a cabo un despliegue militar. Exclusivo para el entretenimiento de Trump, que esta vez, no llegó ni al podio.

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