Malaria: ¿por qué nuevamente en aumento?

03 may 2019 / 00:01

Los mosquitos se describen como los animales más peligrosos debido a las enfermedades que transmiten; entre ellas, malaria, dengue y zika, que causan más de un millón de muertes anualmente. Sin embargo, las estrategias para mitigar estas amenazas se mantienen muy lejos de lo adecuado. La malaria, según la OMS, infectó a más de 200 millones de personas en 2017 y mató a 435.000. Hasta la década de 1940, las estrategias contra la malaria se fundamentaban en mejor gestión ambiental, mejor vivienda y sistemas de salud más sólidos. Por sus mecanismos de transmisión, las autoridades de salud pública se centraron en minimizar la proliferación del mosquito Anopheles y la exposición de las personas a él, y en mejorar el acceso a atención médica adecuada. Los países que adoptaron este enfoque lograron gran progreso y en su mayoría han permanecido libres de malaria. En EE. UU. las muertes disminuyeron en 75 % entre 1920 y 1939. Luego, en la década de 1940, la llegada del insecticida Dicloro Difenil Tricloroetano (DDT) cambió todo. Se convirtió rápidamente en piedra angular de las estrategias de control de la malaria, incluyendo el primer intento de erradicarla a nivel mundial. En África, sin embargo, la campaña con DDT nunca despegó y a partir de la década de 1960 los casos aumentaron de manera vertiginosa y desmesurada. No obstante, el mundo recién comenzó a prestar atención a esa situación a fines de la década de 1990. Ante la limitación de fondos y capacidad, los gobiernos cedieron a donantes externos, socios bilaterales y ONG gran parte de la responsabilidad de reducir a la mitad la mortalidad. Las estrategias enfatizaron la distribución de productos de fácil uso (incluidos insecticidas, mosquiteros tratados con insecticida y medicamentos antimaláricos a base de artemisinina), y la expansión del acceso a un rápido diagnóstico. Durante 2000-2015, el objetivo se cumplió, pero según la OMS, la malaria está nuevamente en aumento y los nuevos casos se incrementaron en 16 países africanos. A la par que va tras los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el mundo debe reconsiderar su enfoque. Si las campañas globales contra la malaria retroceden en resultados, los casos podrían incrementarse hasta en 74 % hasta 2030. Si se mantienen las estrategias basadas en productos básicos, el resultado será solo una reducción marginal de la incidencia mundial de malaria en 2030. Mientras, los gobiernos africanos y otros socios deben ir tras una estrategia a largo plazo centrada en la creación de resiliencia, fabricando localmente mosquiteros, mejorando las viviendas, garantizando que los sistemas de salud tengan la capacidad de identificar y tratar nuevos casos; y ampliando la educación dirigida a la salud en escuelas y comunidades. La malaria afecta de manera desproporcionada a los hogares más pobres; es necesario aumentar la seguridad alimentaria y las economías de los hogares. Ya que estos programas no suelen ser administrados por los ministerios de salud, se deben construir alianzas que aúnen transversalmente a sectores pertinentes. El enfoque holístico será crucial para avanzar en la agenda integral de los ODS. Para financiar estos esfuerzos, los países deben aprovechar recursos nacionales, subsidios, devoluciones de impuestos u otros mecanismos de financiamiento innovadores.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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