Los nuevos centros

11 ago 2018 / 00:00

    Si algo también debe replantearse en la organización y administración del sistema educativo nacional es el tamaño de los nuevos claustros escolares. El modelo del megaproyecto no es válido ni funciona cuando no se está en posibilidad de armar dentro de él organigramas estructurales y orgánicos funcionales que soporten el diseño y le den vida.

    Concentrar miles de estudiantes en un centro educativo público, a su libre albedrio, no le conviene a la administración de la educación, pues los peligros que se corren son muy altos y la pérdida de valores y principios humanos, un riesgo permanente. No siempre lo bueno para la economía resulta bueno para la educación; desde lejos se piensa que un gran centro ahorra gastos administrativos y facilita la gestión pero, no se atienden ni advierten los riesgos de conjuntar edades y sexos distintos sin adecuada supervisión, sin seguimiento y sin clara geografía para su distribución.

    Por tanto, creemos prudente que el modelo que ha de seguirse en la educación pública sea más bien el de construir centros pequeños en los que claramente pueda ejercerse atención, supervisión y control. Volver a la división de seis años primarios y seis secundarios, como ya muchos países lo hicieron, sería bueno y deseable. Los diez años de educación básica, sin buena administración de espacios y control de alumnos, solo permitieron llevar a la niñez los problemas de la adolescencia.

    Diseñemos por tanto, centros educativos manejables dentro del modelo fiscal carente de economía, recursos y en ocasiones hasta de predisposición para supervisar y recelar de lo que hace el alumno. Aunque sea triste debemos aterrizar en la realidad a veces indolente de la gestión de los adultos que en esos centros se mueven.

    Nuevas escuelas, nuevos colegios, centros fácilmente supervisables, que permitan ser recorridos rápidamente y tener a todo el mundo visible, es lo que se requiere, dejando para siempre el modelo de los megaproyectos, de los grandes centros sin identidad propia, que solo favorecen el descontrol y los desafueros que lamentablemente en ellos se dan.

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