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¿Puede ser un buen ejemplo para algunos presidentes?

12 ago 2018 / 00:01

México es el segundo país más rico de Latinoamérica, después de Brasil. Es muy común escuchar la famosa frase que está “tan lejos de Dios, pero tan cerca de EE. UU.”, frase que puede ser interpretada, favorable o desfavorablemente, ya que siendo su vecino el socio comercial más importante, muchos países deben envidiarlo, aunque, por otra parte, EE. UU. se apoderó de buena parte de su territorio.

Lo alarmante de este país es el enorme grado de corrupción que ha caracterizado a sus últimos gobiernos, sean miembros del PRI o del PAN, partidos que han puesto a sus presidentes, hasta que ganó López Obrador, exmilitante del PRI, pero que supo alejarse del mismo y formar su coalición de movimientos, con los que ganó, con bastante amplitud, las elecciones.

Ya hemos señalado en un artículo anterior que México tiene uno de los hombres más ricos del mundo y que en la lista de los diez latinoamericanos más poderosos, cuatro de ellos son mexicanos. A todo esto súmese el poderoso cartel de Sinaloa que maneja la distribución de la droga en todo el mundo. El cartel tiene dinero en exceso y puede darse el lujo de elegir a las principales autoridades del país y tener bastante controlada a la Policía y el Ejército.

La nueva revolución. Con este panorama, López Obrador quiere hacer una nueva revolución. Entre sus planes está combatir la pobreza, ya que, como dijo, no es posible que en un país tan rico existan tantos pobres. Igualmente, quiere dar una mayor ayuda a los adultos mayores, madres solteras y personas con discapacidad.

Otro asunto que le preocupa mucho es la inseguridad, especialmente en poblaciones importantes cercanas al Distrito Federal, ciudad a la que conoce mucho porque ocupó su presidencia (Alcaldía). Para ello ha resuelto que sacará a los militares a las calles para que, junto a la policía, se combata a la delincuencia.

Sector energético. Anuncia, además, que realizará una reforma energética. Desde que se empezó a explotar el petróleo, la riqueza de México se multiplicó, pero se multiplicaron también los funcionarios que lo manejaron hasta convertirse en “nuevos ricos”, sin que existan jueces que los investiguen. Más bien, muchos de esos funcionarios, con los cambios de gobierno, salían castigados a desempeñar importantes embajadas.

México tiene universidades de gran prestigio y el nivel cultural de la gente es bastante elevado. López Obrador ofrece educación gratuita en todos los niveles, buena forma de combatir la pobreza para que nadie se quede sin prepararse para el futuro por falta de capacidad económica.

Medidas de ahorro. En la lucha contra la pobreza, considera que hay que dar ejemplos y él ha decidido no vivir en la residencia presidencial de Los Pinos, a la que quiere convertir en un espacio cultural. Ha decidido cobrar la mitad del sueldo que le correspondería, haciéndolo también con los ministros y funcionarios importantes. Venderá el avión presidencial y suprimirá a la gran cantidad de guardaespaldas que usaban sus antecesores. Prohibirá la compra de vehículos nuevos, ya que parece que como los gobiernos en México duran seis años, tenían la costumbre de cambiar sus vehículos por uno de último modelo.

Todas estas medidas, aunque no aportan mucho al erario nacional, son una demostración de que quien llega a tener poder en un país se convierte en un servidor del ciudadano y no en un señor todopoderoso que puede hacer y deshacer de un Estado. Si este ejemplo puede ser seguido, habría que empezar en países como el nuestro, en hacer hincapié, que el funcionario público es designado para servir a los ciudadanos que son los que le pagan su sueldo. Una campaña de concienciación, por ejemplo en nuestra nación, de cuál es la misión del ciudadano que es nombrado en un cargo público, se necesita de urgencia. Llegan a un puesto y no vuelven a contestar más el teléfono, lo hacen las secretarias que tienen la consigna de que el funcionario está en sesión y que devolverá la llamada, que nunca se realiza. Peor con las entrevistas que se solicitan. Por supuesto piden protección policial para ellos y para sus domicilios, porque con eso se sienten importantes, sin recordar que los cargos no son eternos y que cuando salen, vuelven a ser los pobres diablos de siempre.

López Obrador, aunque se cataloga como hombre de izquierda, lo primero que ha pedido es una entrevista con su homólogo Trump, demostrando que es un hombre práctico. Con su vecino tiene mucho que negociar desde el muro hasta el Nafta.Y, por supuesto, no cambiará la política que ha seguido su país en cuanto al rechazo a las dictaduras de Venezuela y Nicaragua.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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