Los cien años del Fakir

12 sep 2018 / 00:00

    Una mañana tal vez brumosa en la entonces creciente ciudad de Caracas del año de 1967, César Dávila Andrade, aunque un tanto lampiño, salió a hacerse la barba y al tratar de mirar el rostro que debía repetirlo, de repente no estuvo más en el espejo. Con su propia mano el autor de ‘Boletín y Elegía de las Mitas’ había decidido, navaja en mano, su propia defunción cuando aún no había alcanzado las cuatro décadas de vida.

    Algo de tormentoso hubo en la vida de este extraordinario escritor cuencano que lo llevó por los caminos de la bohemia permanente y de un cierto descuido a su persona que requería de la ayuda permanente de sus compañeras de trabajo o amigos para mantenerlo “presentable”. Sin embargo, existió todo un evidente contraste entre ese descuido por vivir y esa preocupación por crear, con respetabilidad y certeza, obras tan bellas y profundas por medio de la literatura.

    Para escribir su ‘Boletín’, llevado al teatro y hasta el cine, dedicó buena parte de su tiempo para ilustrarse de la tragedia del indígena ecuatoriano, conquistado y esclavizado, a lo largo de la historia. Y ‘Catedral Salvaje’ también lo obligó a recorrer la geografía de su mágico país.

    A Dávila Andrade se lo conoció durante su existencia con el alias o mote de el Fakir. Posiblemente que fueron dos las razones poderosas para identificarlo de esa manera. La primera, como ya lo dijimos, su forma de vivir la vida cotidiana, sin muchas preocupaciones por su alimentación o su presentación, que nos hace recordar a esos mismos personajes que reposan en una cama que sustituye al colchón con una suma de clavos. Y, también, por la ruta que siguió su excelente poesía que tras los versos sencillos y hasta amorosos de su juventud, y de esas excepcionales obras de su madurez como ‘Espacio me has vencido’ u ‘Oda al Arquitecto’, los últimos años de su vida los dedicó a una poesía en que parece inquirir sobre el lado más oculto de lo esotérico con unos versos a veces de apariencia críptica.

    Cien años de existencia le hubiera tocado cumplir a este morlaco genial, autor además de cuentos extraordinarios que parecen ir descubriendo los profundos avatares de la existencia humana en cada temática.

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