La Unión Europea y el brexit inglés

04 ago 2019 / 00:01

Para hablar de la separación del Reino Unido de la Unión Europea, considero que debemos de recordar algo de esta organización internacional, conformada hasta ahora por 28 países, y que estaba destinada a ser considerada la gran potencia mundial que podía equilibrar fuerzas con Estados Unidos. La Unión Europea (UE) es una comunidad política de derecho, constituida en un régimen sui géneris de organización internacional nacida para propiciar y acoger la integración y gobernanza en común de los Estados y los pueblos de Europa. Se fundó sobre las tres comunidades europeas preexistentes: la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), la Comunidad Europea de la Energía Atómica (Euratom) y la Comunidad Económica Europea (CEE/CE), y añadía la política exterior común y la cooperación judicial y policial, formando un sistema complejo conocido como ‘los tres pilares’. Sin embargo, con la entrada en vigor el 1 de diciembre de 2009 del Tratado de Lisboa, la Unión Europea sucedió a las comunidades europeas y asumió con ello su personalidad jurídica única como sujeto de derecho internacional.

La UE ha desarrollado un sistema jurídico y político, el comunitario europeo, único en el mundo, que se rige por mecanismos y procedimientos complejos de funcionamiento interno, que se han extendido y evolucionado a lo largo de su historia, hasta conformar en la actualidad un sistema híbrido de gobierno transnacional difícilmente homologable, que combina elementos próximos a la cooperación multilateral. La Unión Europea (y antes las comunidades) promueve la integración continental por medio de políticas comunes que abarcan distintos ámbitos de actuación, en su origen esencialmente económicos y progresivamente extendidos a ámbitos indudablemente políticos.

populismo. El Reino Unido, separado del continente europeo por un estrecho, después de ser la reina de los mares y la mayor potencia mundial, parece que no quiere pertenecer como un miembro más de esta comunidad de naciones. En un referéndum en el que ganó el llamado brexit con el 52 % de votos a favor contra 48 % en contra, prefiere correr el mayor riesgo de desintegración desde la independencia de Irlanda, hace casi un siglo. Por culpa del brexit por un lado y de la vulgarización y radicalización del nacionalismo inglés por otro, la independencia de Escocia y la reunificación irlandesa están más cerca que nunca.

Por el brexit, un 63 % de los militantes tories están dispuestos a aceptar la soberanía de Escocia si es el precio a pagar por salir de la UE. Un 59 % aceptaría la incorporación de Irlanda del Norte a la República de Irlanda. Un 54 % asumiría la destrucción de su propio partido con tal de decir adiós a Europa. La mayoría estaría de acuerdo con un posible colapso económico.

Con todos estos antecedentes, el Partido Conservador, mayoritario en el Parlamento, acaba de elegir como nuevo primer ministro del Reino Unido a Boris Johnson, un político polémico, defensor del brexit duro. Su éxito se debe a su capacidad para combinar la seriedad de los distintos puestos que ha desempeñado con su carácter afable y cómico, no muy común en la vida política de Inglaterra. Ha sido periodista, parlamentario, alcalde de Londres y ministro de Exteriores. Muchos diarios del país lo han descrito como un bufón sin principios por sus críticas, pero los partidarios lo tienen como “un tesoro nacional”.

Más recientemente, Johnson asumió un papel preponderante en la campaña a favor del brexit y prometió que si era nombrado primer ministro, sacaría al Reino Unido de la UE el próximo 31 de octubre, con o sin acuerdo.

El nuevo líder conservador, Boris Johnson, no va a ser tan respetuoso de la democracia, pero si la ruptura con Europa resulta un desastre, la economía sufre y la situación se vuelve caótica, le sería políticamente muy difícil a Londres negar la consulta que exigen los escoceses.

En Irlanda también se habla de reunificación tanto al norte como al sur de la frontera. La última encuesta indica que un 86 % de la población prefiere pagar el precio de la integración antes que las consecuencias de una frontera dura. De todos los gobiernos europeos, el que más sufriría las consecuencias de un brexit desordenado es el de Dublín.

Conclusión. Es lamentable que el Reino Unido, por un capricho de mantenerse independiente de las resoluciones de la Unión Europea, ponga en peligro la unidad que han mantenido durante tantos años. Escocia puede irse, Irlanda puede volver a ser una, e Inglaterra quedarse sola con Gales. El Reino Unido nunca había estado tan cerca de desunirse, por el caprichoso brexit duro.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

TAGS:
TE RECOMENDAMOS
A LA CARTA