Legislar para la vida eterna

19 sep 2019 / 00:01

Aparatosa derrota del Estado laico en la Asamblea. Los defensores de la penalización del aborto podrán esgrimir todos los argumentos constitucionales que puedan sacar de la chistera; lo cierto es que su posición está fundada en una interpretación del mundo y de la vida que privilegia las convicciones religiosas por sobre las realidades sociales. Lo cierto es que la Asamblea fue incapaz de resistir a las presiones de la Iglesia católica, cuyo cabildeo fue incansable e incluyó, según una legisladora que habló con este columnista, visitas conminatorias, amenazas, hostigamiento en redes...

Convicciones religiosas: cuando se escucha a un Guillermo Lasso exaltar los valores de La Familia como piedra angular de la sociedad, resulta claro que está hablando de una idea abstracta de familia. Una idea abstracta construida a imagen y semejanza de la Sagrada Familia de la tradición católica y que nada tiene que ver con la familia realmente existente en el país: institución en crisis atravesada por situaciones de violencia y de machismo que reclaman, a gritos, la adopción de políticas públicas que se hagan cargo de las víctimas.

¿En serio está legislando la Asamblea para la Sagrada Familia y no para la familia real?

La consecuencia es tan clara como inevitable: millones de adolescentes ecuatorianas continuarán abortando en condiciones inseguras, insalubres y peligrosas en los próximos años; millones más continuarán pariendo en situaciones de miseria, sin que el Estado les ofrezca alternativa, con las consabidas secuelas de abandono escolar, profundización de la crisis familiar, descomposición social y perpetuación de la pobreza. Porque lo que la Asamblea decidió este martes deja intacta la realidad social: no impedirá, ni de lejos, que las ya escandalosas tasas de aborto clandestino y de maternidad infantil continúen escalando; lo único que logrará es que esas niñas sigan pariendo o abortando sin ningún tipo de garantías. Lo que hizo la Asamblea, con el voto decidido, militante, en ocasiones fanático de un grupo de legisladores que se proclaman liberales, es boicotear y entorpecer uno de los principios básicos del liberalismo: el derecho de esas niñas a la búsqueda de la felicidad.

¿Qué pasó con Jeannine Cruz, con Tanlly Vera? Ambas asambleístas de CREO se habían pronunciado frontalmente contra la penalización del aborto y cambiaron de postura a última hora. En la Asamblea todos hablan de las llamadas telefónicas de Guillermo Lasso para presionar y convencer (¿con qué argumentos?) a los disidentes. ¿Qué pasó con Fernando Callejas, con Absalón Campoverde? ¿Qué pasó con la supuesta libertad que el bloque de CREO había otorgado a sus legisladores para que decidieran de acuerdo a su conciencia? ¿Una cosa es la libertad y otra los requerimientos de su líder? ¿Qué pasó, en la bancada socialcristiana, con Patricia Henríquez? ¿Qué pasó con María Mercedes Cuesta, que pronunció uno de los discursos más conmovedores a favor de la despenalización y se ausentó a la hora de votar? Nada han explicado hasta el momento. Lo cierto es que resulta muy difícil de entender este cambio de postura sobre un tema tan de principios y tan de convicciones.

“Será ley”, dicen los defensores de la despenalización, seguros de que la historia se mueve hacia adelante y el progreso existe. ¿El progreso existe con banderas de la filo fascista Tradición, Familia y Propiedad proyectando su sombra sobre la Asamblea? Quizás este optimismo histórico tenga algo de real. Mientras tanto, el problema es el presente. El problema son las actuales víctimas de la violencia, del machismo, de la Sagrada Familia.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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