Las retiradas victoriosas de Trump

10 ago 2018 / 00:01

En su guerra comercial con China ya hay en Trump un patrón claramente establecido, que empieza con amenazas terroríficas (“fuego y furia”, “restringir a cero las exportaciones de Irán”...) y sigue con un apretón de manos, un abrazo y un repentino brote de comprensión mutua. El ejemplo más dramático fue el abandono de Trump de cualquier intento real de desnuclearizar a Corea del Norte. ¿Por qué insiste Trump en sus amenazas vacías? El ‘modus operandi’ de Trump podría describirse como “grita primero y muestra bandera blanca después”. Puede parecer irresponsable y cobarde, pero tal vez sea la estrategia más racional y políticamente eficaz para manejar la política exterior estadounidense en el siglo XXI. Puede que Trump sea proteccionista por ideología y crea que el déficit comercial estadounidense es una forma de robo y que hay que “castigar” a los extranjeros con aranceles y embargos. Pero antes es un político, y probablemente entiende que los aranceles perjudicarán a los consumidores estadounidenses. Y cuanto más cerca esté la economía estadounidense del pleno empleo, más se descargarán los costos del proteccionismo sobre los consumidores estadounidenses, en vez de los exportadores chinos. Sin excedentes de mano de obra o capacidad industrial ociosa, las empresas estadounidenses no pueden reemplazar en poco tiempo los bienes chinos. Es decir que los exportadores chinos pueden responder a los aranceles de Trump con una suba de precios, en vez de reducir márgenes de ganancia o trasladar producción a EE. UU. De modo que en vez de un castigo a los extranjeros, en una economía en pleno empleo los aranceles son más que nada un impuesto que pagan las empresas y los consumidores locales. En el caso de EE. UU. este año su principal efecto será contrarrestar el estímulo dado por las rebajas impositivas de Trump y al mismo tiempo generar presiones inflacionarias, lo que en definitiva obligará a la Reserva Federal a acelerar la suba de tipos de interés. ¿Por qué permitió Trump a sus asesores más sinófobos iniciar una competencia suicida contra China, que EE. UU. solo puede perder? Tal vez porque sabe cómo mostrarse triunfante en retirada. Al llevar la confrontación casi hasta el punto en que se produciría un daño económico real y entonces ofrecer condiciones de paz que sabe que China aceptará, Trump puede volver al ‘statu quo’ anterior a la guerra comercial, pero dando la apariencia de ser un ganador. Trump siempre comprendió que las apariencias importan más que la realidad. Sus marchas y contramarchas le permiten obtener apoyo haciendo promesas sin sustento real y después volver a obtenerlo al reconocer “pragmáticamente” la realidad. Si el resultado final del enfrentamiento con China es que Trump da marcha atrás, pocos votantes sabrán que no consiguió los objetivos económicos que supuestamente buscaba, ni les importará. En vez de eso, lo elogiarán por “obligar” a China a aceptar una negociación a la que nunca se resistió y evitar el riesgo de una guerra comercial, que él mismo creó. Así funciona el “arte de la negociación” de Trump: declarar la guerra, restaurar la paz, y luego atribuirse el mérito por ambas cosas.

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