Las nuevas divisorias políticas de Europa

01 dic 2018 / 00:01

El presidente francés Emmanuel Macron ha presentado la elección de mayo de 2019 para el Parlamento Europeo como una batalla entre populistas y progresistas proeuropeos (como él). ¿Será posible un giro político paneuropeo tan fundamental, similar al que en Francia llevó a Macron al poder el año pasado? Una especie de homogeneización política en Europa llevó a un abstencionismo masivo, de modo que entre los ciudadanos que efectivamente votan, ha crecido el apoyo a partidos antisistema, a menudo defensores de ideas extremas. En 2009 el EPP y la S&D controlaban el 61 % del Parlamento Europeo; en 2014 solo el 54 % de los votos y el órgano estuvo cerca de quedar dominado por partidos extremistas. Es probable que la elección de 2019 traiga más pérdidas para los partidos del ‘establishment’ (según algunos cálculos solo obtendrán 45% de los escaños). En la derecha, el EPP está dividido entre liberales proeuropeos y conservadores euroescépticos; ambos apoyan a Manfred Weber, de la Unión Social Cristiana alemana, como Spitzenkandidat. En el reciente Congreso del EPP en Helsinki, el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, fue explícito: la ruptura del Estado de derecho es incompatible con la pertenencia a la familia demócrata-cristiana. El EPP incluso votó en el Parlamento Europeo a favor de invocar contra Hungría el artículo 7 del Tratado de Lisboa, lo que supondría imponer sanciones por las sistemáticas violaciones del gobierno de Orbán a la independencia judicial, la libertad de expresión y los derechos de minorías y migrantes. Pero el EPP al negarse a aclarar su posición respecto de Orbán o expulsarlo, corre un riesgo enorme. Si el Consejo Europeo elige a Weber como próximo presidente de la Comisión Europea, puede que los socialdemócratas y liberales del Parlamento Europeo se nieguen a votar por el candidato de un partido que mantiene a Orbán en sus filas. Por eso Macron, interesado en dividir al EPP y atraer hacia sí a su ala liberal, se opone al sistema del Spitzenkandidat. Hay tres alternativas: 1) Que el Consejo Europeo elija un candidato del EPP menos ambiguo en relación con Hungría. 2) Elegir a Frans Timmermans, del Partido del Trabajo neerlandés, duro crítico de Orbán y aceptable para la canciller alemana y para los liberales del EPP. 3) Alguien con apoyo de la Alianza de Liberales y Demócratas para Europa (ALDE) como Margrethe Vestager, comisaria de la UE para la competencia. Macron, firme partidario de Vestager, podría promoverla como candidata de Francia (decisión inédita que aceleraría la europeización de la política continental). Es muy posible que las fuerzas populistas obtengan mayoría en el Parlamento Europeo, aunque no actuarán como una fuerza unificada bajo una misma bandera política. En tal caso, Macron tendrá que formar coaliciones con el EPP o con la S&D. La reforma de la eurozona es una divisoria fundamental que puede actuar como eje para la formación de alianzas políticas. La dirigencia europea tendrá que encarar la necesidad de reforzar las fronteras externas de la UE y comprometerse con el combate a la evasión y elusión fiscal por parte de las grandes empresas, especialmente las megatecnológicas. En este frente ya hubo algunos avances, atribuibles en gran medida a Vestager; pero se necesitan acciones más decididas, pero no hay garantías de que el avance continúe, pues Alemania está reconsiderando su apoyo a un plan con respaldo francés para que las grandes empresas tecnológicas tributen en el nivel de la UE.

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