La verdadera revolución

18 jun 2019 / 00:01

    Hace pocos días ofrecí las palabras de inauguración de una plaza comercial. Cuando terminó el acto, aprovechando que yo me alejaba de la alegre bullanga se me acercó una señora con un muchacho de unos veinte años. No podría decir quién tenía la mirada más desesperada, si la madre o el hijo, pero ambos me expresaban una súplica para conseguir un lugar de trabajo.

    Yo sabía exactamente el sentimiento que pasaba por el corazón de esa madre, pues aunque en circunstancias completamente distintas, tan solo una semana atrás mis dos hijos volvían al país a buscar y ojalá a crear, una plaza de trabajo también; ellos obstinados en regresar a ayudar a construir lo que llaman una sociedad mejor.

    Debo confesar que me sentí avergonzado por no tener una respuesta inmediata, pero mucho más porque a mi generación se le está pasando el tiempo sin que realmente le demos vuelta a la realidad laboral del país. Empecemos dejándonos de eufemismos: la tasa de desempleo no es el 4 % o 5 %, en realidad es del 55 %. Aquella farsa de que el subempleo no es técnicamente un desempleo, no podemos seguírnosla tragando. Realmente un empleo digno es aquel que permite saber que se cuenta con un valor económico cada mes, que da acceso a un servicio médico de calidad, que permite tener un plan de jubilación, que visibiliza a la persona como contribuyente y le da acceso a un crédito de vivienda; pero además, que ilusiona con la posibilidad de ser independiente y emprendedor algún día, para poder ofrecerles a los demás jóvenes un espacio laboral digno. Eso se crea, entre otras decisiones políticas y económicas, flexibilizando los dogales laborales en el país.

    Es una farsa, léase bien, una farsa, aquello de que flexibilizar el trabajo lo precariza. Estados Unidos, el país con la mejor movilidad laboral, mucho más que los esquemas europeos, tiene la capacidad más alta de remontar crisis económicas. La nueva economía demanda de cambios revolucionarios para todos, y si no los hacemos ya, vamos a entregar a nuestra juventud a las drogas por falta de oportunidades. ¿Qué esperamos? A nosotros nos esperan.

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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