La política exterior de EE. UU. tras las elecciones

26 nov 2018 / 00:00

    Un tema que faltó de las campañas electorales de mitad de legislatura estadounidense fue un mayor énfasis en la política exterior. Eso cambiará ahora que el Partido Demócrata ha recuperado el control de la Cámara de Representantes. Es probable que un acorralado presidente Donald Trump recurra a una táctica favorita de los autócratas: fabricar crisis de política exterior para distraer la atención del público de los problemas en casa. Cuando le convenga, va a llamar la atención a los problemas de Oriente Medio, redescubrir la amenaza nuclear de Corea del Norte, y obligar a los demócratas a la difícil decisión entre endurecer la mano con Rusia o entrar en una carrera armamentista. O quizás decida usar el Congreso como felpudo de asuntos exteriores, lanzando retos internacionales a los legisladores y poniéndolos en la tesitura de tener que dar buenas respuestas. Tiene todos los incentivos para apabullar a los recién llegados pasándoles la pelota y viéndolos fracasar. Eliot Engel, próximo jefe del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara, ya dijo que es posible que los demócratas busquen autorización del Congreso para el uso de fuerzas militares en Siria. Cualquier paso que den será impopular para sus propios votantes y simplemente cambiará el centro de atención de la incapacidad de Trump de solucionar el problema a su propia falta de un plan. Ademas, Engel ha declarado que Irán es el “actor más peligroso” en Oriente Medio y se opuso fervientemente al Jcpoa. Aunque apoyó el acuerdo tras ser firmado y se opuso a retirarse de él, Trump podría aprovechar la posición del propio Engel sobre Irán para impulsarlo a adoptar una postura más agresiva o, si no, arriesgarse a parecer “débil” en materias de seguridad nacional. Es muy posible que el resultado sea una crisis de política exterior que no aporte gran cosa a un nuevo acuerdo nuclear. Los demócratas también darán a Trump una excusa de salida en lo referente a Corea del Norte. Y quizás previendo una Cámara de mayoría demócrata y su consiguiente acoso acerca de Rusia, en octubre Trump retiró a EE. UU. del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Medio (INF), citando infracciones de Rusia, lo que da la señal para una nueva carrera armamentista, y ya ha llamado a elevar el gasto de defensa e iniciar una “fuerza espacial”. A medida que los demócratas se centren en la interferencia rusa en las elecciones estadounidenses de 2016, los vínculos de Trump con Rusia y los detalles de su conversación a puertas cerradas con el presidente ruso Putin en Helsinki, se enfrentarán a la perspectiva de autorizar un mayor gasto de defensa o parecer vacilantes e hipócritas sobre Rusia. Gran parte del mundo recibió con alivio la noticia de que los demócratas habían recuperado la Cámara Baja, porque representaba una vulnerabilidad del acercamiento agresivamente antiliberal de “Estados Unidos primero” al orden mundial. Pero los demócratas harían bien en resistir el impulso de intentar corregir los errores que perciban de Trump. Su mejor apuesta es dejar que Trump tome la iniciativa en estos asuntos, con todo lo difícil que esto pueda resultarles, y trabajar activamente para hacer de contrapeso a sus medidas. La capacidad de supervisión y el poder de los fondos serán sus herramientas más potentes.

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