La modernización de China

19 feb 2018 / 00:00

    En octubre pasado, al inaugurar el 19 Congreso Nacional del Partido Comunista de China, el presidente Xi Jinping anunció que el país tendría una economía “totalmente moderna” para 2035, y alcanzaría el estatus de altos ingresos para 2049, cuando se cumpla un siglo de fundación de la República Popular. Alcanzar los objetivos de ingresos de China podría ser la parte fácil. Su PIB per cápita real representa cerca del 25 % del de Estados Unidos. Para poder unirse al club de altos ingresos, la OCDE, China tendrá que elevar esa cifra hasta al menos un 45 % (dependiendo de cómo se mida el ingreso real), nivel logrado hasta ahora por entre 36 y 40 economías. China se uniría a estas filas para 2049 si su economía crece al menos 1,7 puntos porcentuales más que la estadounidense cada año a partir de ahora. Suponiendo que la economía de EE.UU. mantiene su índice de crecimiento de largo plazo de un 2 %, China tendría que crecer un 3,7 % al año, muchísimo más lento que la actual tasa de un 6,5 %. Incluso si su PIB se desacelerara constantemente a un 2 % para 2049, la tasa promedio sería de al menos 4 %. Pero la modernización, más que los ingresos, es un completo proceso que en último término transformaría a China en una sociedad con los tipos de beneficios (oportunidades, comodidades personales y servicios públicos) que ofrecen las democracias avanzadas de hoy. Para ello tendrá que limpiar su medioambiente y reducir la brecha entre campo y ciudad. A pesar de que se han ido aminorando las diferencias de ingresos, los residentes rurales siguen enfrentando un acceso inferior a educación, infraestructura y servicios públicos. Para hacer más complejos los retos, su población en edad laboral está comenzando a declinar y podría bajar en más del 10 % para 2040, de acuerdo al BM. La automatización puede protegerla de insuficiencias graves de la fuerza de trabajo, mas el envejecimiento demográfico aumentará la carga económica de la seguridad social. A pesar de la introducción de cuentas individuales hace 20 años, el sistema de pensiones chino sigue funcionando en la práctica como un reparto. Cuando la generación del “baby boom” de China (los nacidos entre 1962 y 1976) se comience a jubilar, los déficits del sistema crecerán. China necesita desesperadamente un sistema más unificado e integral para equilibrar la cobertura de seguridad social a lo largo del país. El Estado de derecho se debe fortalecer considerablemente, y no solo para limitar la corrupción oficial. Debe haber un cambio cultural en que los ciudadanos aprendan a funcionar en una sociedad gobernada por reglas fiables y estructuras legales, en lugar de vínculos geográficos o familiares. Son buenas noticias el que Xi reconozca la importancia del Estado de derecho. Sin embargo, para transformar las maneras tradicionales de vivir en China será necesario algo más que retórica exhortativa. Un obstáculo clave radica en el sistema político chino. Es una amplia creencia el que la democracia es indispensable para una sociedad civil dinámica. No obstante, las autoridades chinas parecen decididas a no introducir la democracia electoral en ninguna manera o forma. En la medida que eleva los estándares de vida, el “Modelo Chino” satisface algunos requisitos de legitimidad política. Pero, una vez que estos estándares lleguen a un cierto nivel, el pueblo chino exigirá con casi completa seguridad más libertad personal y un mayor nivel de rendición de cuentas políticas. El reto más fundamental de los líderes chinos será satisfacer estas exigencias y al mismo tiempo seguir excluyendo la democracia electoral.

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

    TE RECOMENDAMOS
    A LA CARTA