La madre de las miserias

23 may 2019 / 00:01

    7 de la mañana. Allí las veo, puntuales. Los cuerpos castigados por la espera y los brazos cansados de portar tarrinas y cacerolas con comidas preparadas en la víspera. Son cientos (10 mil ese día, en todo el país), mujeres en su gran mayoría. Pregunto desde qué hora hacen fila y una joven, embarazada y con otro niño al cinto me dice, extrañada: “desde la madrugada pues”.

    Son las 9h00 y las puertas siguen cerradas; el turno de visita termina a las 10. De pronto, se abren, solo para esperar otra hora en un corredor, y otra más en una antesala, y otra mientras las revisan y manosean y magullan para entrar en los pabellones donde sus hijos o esposos, delincuentes reales o presuntos, o inocentes sin suficiente plata para coimear a jueces y fiscales, aguardan ansiosos porque ese domingo gris no solo es Día de la Madre, sino también de visitas-con-permiso-para-ingresar-comida en “la Peni del Litoral”, donde se hacina el doble de reclusos que debe estar.

    Huele a marihuana. Los guardias lo saben y se hacen los tontos. Su remedo de autoridad termina fuera de los pabellones; adentro rige solo una ley: el que tiene plata sobrevive, el que no es un paria dentro de los parias. Los guardias son un adorno que simula el control y permite que negocios prósperos (celulares, llamadas, kits de aseo, droga, cigarrillos, colchones, armas...) sigan como lo que son: un entramado mafioso donde, como dice un abogado del sector, “todos llevan, desde el jefe. Y si hay uno que no quiere, amanece en un estero”.

    Por eso, cuando leo que el Gobierno (siempre re-accionando) decreta la emergencia, y el director de las cárceles cree que el principal problema es de infraestructura, pienso que no entienden ni lo básico del drama carcelario, que empieza por un sistema judicial corrupto hasta la médula. Ni tampoco que adentro no solo están delincuentes, ni son todos narcos, ni se los controla con guardias de pacotilla y burócratas de ojos vendados y bolsillos anchos. Y que afuera están seres hu-ma-nos que tienen a parte de su alma presa y que para apenas poder verla unos minutos atraviesan la madre de todas las humillaciones.

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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