La amenaza de la biomedicina

27 sep 2019 / 00:01

Los avances biomédicos de las últimas décadas han sido enormemente beneficiosos, sobre todo para los pobres del mundo, cuya expectativa de vida ha aumentado de manera radical. Sin embargo, el futuro está cargado de riesgos. Si bien las constantes innovaciones seguirán mejorando las vidas de las personas, también darán paso a nuevas amenazas y agudizarán algunos dilemas éticos acerca de la vida humana. Muchos científicos están buscando maneras cada vez más extremas de lograr prolongar la vida. Pero si bien daríamos la bienvenida a una mayor esperanza de vida en buenas condiciones de salud, muchos no querríamos hacerlo si nuestra calidad de vida o diagnóstico cayera por debajo de un umbral determinado. Los avances médicos están también difuminando la transición entre vida y muerte. Hoy se considera que la “muerte cerebral”, cuando cesan todas las señales medibles de actividad cerebral, marca el fin de la vida. Pero existen propuestas de reiniciar artificialmente la actividad cardíaca tras la “muerte cerebral”, a fin de mantener “frescos” por más tiempo los órganos trasplantables. Un paso así agravaría la ambigüedad moral de la cirugía de trasplantes. Una opción mejor sería usar impresión 3D para generar órganos de reemplazo. Las vacunas, antibióticos y mejores diagnósticos deben apuntar a mantener buenas condiciones de salud, controlar las enfermedades y contener las pandemias. Sin embargo, estos mismos avances han generado un peligroso contraataque evolutivo de los mismos patógenos: hay bacterias que se han vuelto inmunes a los antibióticos tradicionalmente utilizados para eliminarlas. Sin nuevos antibióticos, se volverá al punto en que estábamos hace un siglo. Por ello es urgente priorizar el desarrollo en el corto y largo plazo de nuevos tratamientos y prevenir el uso excesivo de los antibióticos actuales. También el desarrollo de mejores vacunas tiene riesgos. Los críticos de los experimentos advirtieron sobre el mayor riesgo de propagación no intencional de virus peligrosos, o de que bioterroristas obtengan acceso a las nuevas técnicas. La velocidad de las innovaciones en biotecnología exige que exploremos normas para garantizar la seguridad de los experimentos, controlar la difusión de conocimientos potencialmente peligrosos y monitorear la ética con que se apliquen nuevas técnicas. Mas sería prácticamente imposible imponer y aplicar estas normas en todo el planeta. Mientras que para producir un arma nuclear es necesario contar con una sofisticada tecnología específicamente fabricada para ello, la biotecnología requiere el uso de equipos pequeños y destinados a diferentes usos. La biopiratería es un pasatiempo cada vez más popular y competitivo. Puesto que nuestro mundo se ha vuelto tan interconectado, el potencial de daño de eventuales biocatástrofes es mayor que nunca. Tanto un error biológico como una acción terrorista son posibles dentro de los próximos 10 a 15 años. Y una vez sea factible diseñar y sintetizar virus, el peligro se acrecentará. Pero quizás el dilema principal gire en torno a los seres humanos mismos. En algún momento del futuro, la modificación genética y las tecnologías ciborg podrían hacer de los seres humanos criaturas maleables mental y físicamente. Incluso si poseen comprensión algorítmica de nuestro comportamiento, ¿serán siquiera reconocibles como humanos?

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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