Kim: la estrategia de “ganar de a poco”

31 may 2019 / 00:01

El primer ministro japonés Shinzo Abe priorizó la pompa por sobre la política al hacer de anfitrión del presidente estadounidense Donald Trump. La única excepción fue el problema de Corea del Norte, que hace poco condujo más pruebas de misiles de corto alcance en su costa este. Abe está ansioso por mantener a Japón y Estados Unidos en sintonía, ahora que se tambalean las conversaciones de desnuclearización de Trump con el dictador norcoreano Kim Jong-un. Pero Trump restó importancia a las inquietudes sobre las últimas pruebas, distanciándose de Abe y de sus propios asesores. Abe tiene todas las razones para preocuparse de que Kim esté logrando una ventaja diplomática importante. La campechana amistad con Trump no ha bastado para lograr una disminución de las sanciones económicas. Pero Kim ha reorganizado su equipo negociador e intentado darse un aspecto de estadista, ofreciendo sostener otra cumbre con Trump. Al mismo tiempo, ha buscado reforzar su posición frente a futuras negociaciones, no en menor medida con acercamientos a China y Rusia, y parecen haber acordado una división del trabajo. Kim se desempeña en la Península de Corea aprovechando las ganas del presidente surcoreano Moon Jae-in de lograr un acercamiento para forzar una cuña entre Corea del Sur y EE. UU. Está incluso considerando la posibilidad de establecer conversaciones con Abe, ansioso por no quedar excluido de las conversaciones de alto nivel. Aunque Rusia y China hablen de la boca para afuera de la necesidad de desnuclearizar el área, ninguno ha intentado seriamente impedir el programa armamentístico de Kim. La disposición de China y Rusia a tolerar una Corea del Norte con armas nucleares refleja un cálculo estratégico. Con una Corea reunificada gobernada desde Seúl, China y Rusia tendrían repentinamente un aliado de Estados Unidos en su frontera, y potencialmente incluso fuerzas estadounidenses. Es improbable que limiten sus envíos de petróleo que sabotean las sanciones o, en el caso de China, su floreciente comercio transfronterizo. Tanto Rusia como China están inquietos con el sistema antimisiles de Defensa Terminal de Áreas de Gran Altitud (Thaad) que ya está en operaciones en Corea del Sur. Pero la cooperación sino-rusa no gira solo en torno a la Península de Corea. A medida que las sanciones occidentales a Rusia por la anexión de Crimea en 2014 se han comenzado a sentir, China se ha ido convirtiendo en un mercado cada vez más importante, además de fuente de inversiones. Y ahora que China está buscando reemplazar el papel de EE. UU. en Asia, Rusia tiene más razones para fortalecer sus vínculos con ella. El gigante asiático se encuentra en un proceso de profundización de sus lazos económicos con la región, con planes de triplicar el comercio bilateral con Vietnam para 2020. Rusia le ofrece a China energía y materias primas, y un potencial socio militar. Dado el historial de amenazas de Trump en Twitter de iniciar una guerra nuclear contra Corea del Norte, no sería sorprendente que las estrategias militares de rusos y chinos contemplen ya planes de contingencia para la Península de Corea. Está por verse si el enfoque de Kim le dará réditos en la mesa de negociaciones. Está poniendo en terreno a un equipo que puede reportarle puntos de manera consistente en el largo plazo.

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