Falacias

13 ene 2018 / 00:01

    Anda por ahí un correísta repitiendo que la reelección indefinida es un derecho y que limitarla atenta contra la democracia. Dice que es “regresivo” de derechos impedir al pueblo elegir cuantas veces quiera a los mismos, aquel supuesto avance que habría traído Correa a la Constitución.

    De más está decir que el mismo Correa defendió la alternancia de los mandatos políticos cuando recién andaba tras el poder. De más está decir que la misma persona que anda defendiendo la reelección indefinida recurre groseramente a instancias internacionales luego de rechazarlas durante toda su vida, incluso en calidad de canciller de Correa.

    Falaz es el ejemplo que avanza de la continuidad de Ángela Merkel, pues equivale a comparar peras con nabos. Alemania es un régimen distinto, cuya canciller es electa por una coalición del Parlamento y todo está armado para que con un sucinto trámite, cuando corresponda, la descabecen a ella o a cualquier ministro, para sustituirlos sin recurrir a elecciones generales. Aquí, como ya hemos visto, la censura política más insignificante puede ser frenada por uno o dos gallos.

    Las democracias modernas reconocen que las instituciones están por sobre las personas, de donde los ciudadanos pueden elegir un sucesor del mismo partido, la misma visión, forzando a las instituciones y proyectos a prevalecer sobre los ensimismamientos personales.

    Lo que los señores que promueven la reelección indefinida ocultan es que hay derechos que solo pueden asegurarse restringiendo derechos a otros. Toda la tradición de la izquierda, a la que dicen pertenecer pero que avergüenzan, se basa en restringir derechos de quienes tienen -según el momento- algún tipo de ventaja relativa sobre el resto de la sociedad.

    Se le restringe el derecho para reelegirse indefinidamente al que tiene la ventaja de todo el aparataje estatal para ganar elecciones. No se restringe al pueblo así el derecho a elegir, sino al poderoso la reelección, ampliando la posibilidad de que otros se postulen.

    Con falacias como estas no le fue bien a Robespierre.

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