Extremismos que dañan

15 sep 2018 / 00:00

    Es verdad que la educación contemporánea requiere la participación de la familia a fin de sostener modelos y proyectar ejemplos que guíen a los alumnos; pero de ahí a llegar a extremos que involucren, en la gestión institucional y en actos administrativos, al padre de familia, nos parece exagerado.

    Decimos esto, porque desde hace algunos días los distritos se encuentran revisando el cumplimiento de las normas de contratación del profesor que hoy existen; y, en efecto, ahí claramente se vive un extremismo que poco o nada ayuda o suma la participación de un padre en la selección del profesor que se vinculará a la institución.

    En el proceso que es lento y sostenido y que implica varios pasos, la presencia de un padre no necesariamente garantiza o conviene, pues al no ser un profesional en el área educativa y al no ser alguien con criterio de confidencialidad, los datos que se revelen en entrevistas, test, etc., pueden correr el riesgo de hacerse públicos a través de las redes y afectar honras o intimidad de la persona.

    Por otro lado, solo en el detalle de la clase a observar, el voto del padre puede ser no consistente, pues alguien se puede sorprender y hasta encantar con un discurso apasionado con el que el profesor aspirante se dirige a los alumnos; pero, si ese discurso no tiene contenidos adecuados o teniéndolos, no llega a captar la atención o peor, no llega a conectar ni a trasmitir conocimientos, de poco vale y no sirve; sin embargo, el padre cautivado por lo que se expresa, puede equivocadamente pensar que ese es el profesor ideal.

    “Zapatero a tus zapatos” decían los viejos cuando querían enseñarnos a que asumamos responsabilidades de las que sabemos y conocemos. ¡Por favor! ¡basta de improvisaciones y extremismos!, que cada quien cumpla el rol que le compete.

    El educador no es padre y no puede ni debe serlo pero, así mismo, el padre de familia por muy docto o preparado que sea en cualquier área del saber, no es administrador educativo y puede inducir a error en una decisión.

    Los roles en educación están para que se cumplan y no se intercambien.

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