Estados Unidos frente a China y México

15 jun 2019 / 20:43

    Ya se conoce el estilo para negociar de Donald Trump: primero amenaza, luego negocia y trata al final de sacar la mayor ventaja para su país. Con México, amenazó con imponerle nuevos aranceles para reforzar su lucha en materia de inmigración, siendo su socio comercial más grande. Así mostró, una vez más, que está listo para emplear el comercio como una herramienta para alcanzar sus objetivos políticos.

    El presidente estadounidense libra varios conflictos comerciales, con aliados y rivales por igual. Por ejemplo, hace 8 meses sus negociadores llegaron a un acuerdo con funcionarios mexicanos y canadienses acerca de que reemplazaría el tratado de Comercio de América del Norte. Pese al acuerdo, Trump atizó las tensiones al amenazar con imponerle aranceles a partir del 10 de junio, a menos que detenga el flujo de inmigrantes indocumentados en toda la frontera.

    Gracias en parte a los aranceles impuestos a China, México ahora es el socio comercial más grande de EE. UU., con una cifra de más de 150.000 millones de dólares en los primeros tres meses del año. Trump además amenazó con imponer aranceles a las importaciones de autos fabricados en México. Algunas fábricas automotrices estadounidenses tienen sedes en México.

    Por decisión del presidente López Obrador se cumplieron las medidas de reforzar las fronteras con Guatemala y con el propio EE. UU., lo que sirvió para que vuelva la tranquilidad comercial entre los dos países. La oposición criticó la resolución. A nuestro criterio, es lo mejor. La cooperación entre países vecinos no se puede considerar una disminución de sus actos soberanos. A última hora Trump extendió el plazo para que se sigan tomando medidas a fin de cortar el flujo de inmigrantes.

    Otros frentes. Trump, con estas actitudes, está violando el consenso posterior a la II Guerra Mundial, acerca de que el libre comercio enriquece al mundo, aplicando el nacionalismo del que siempre ha sido contrario su país. El enfrentamiento con Pekín es su conflicto comercial más grande, que podría afectar a los más de $ 730.000 millones en productos y servicios que anualmente se mueven entre ambos países.

    Trump elevó los aranceles impuestos a $ 200.000 millones al año en importaciones, del 10 al 25 %, y amenazó con grabar más productos. China tomó represalias y está buscando cómo devolver el golpe. De China depende un porcentaje importante de las ganancias de las empresas estadounidenses. Y China necesita este mercado de exportación para mantener el crecimiento de su economía, además de que requiere tecnología avanzada, como microprocesadores y ‘software’.

    El gobierno de Trump argumenta que EE. UU. se ha vuelto demasiado dependiente de China y buscan cómo distanciar a ambos países. Muchas compañías ya están replanteando esa dependencia de China.

    Por lo pronto, en su ofensiva, China ha formulado una “lista negra” de empresas “poco fiables”, aparentes retrasos en los controles de aduanas y una investigación sobre FedEx por presuntas desviaciones de envíos destinados a Huawei. Los negociadores chinos han declarado que China no va a ceder. No quiere una guerra comercial, pero no teme una y combatirá en ella si es necesario. En opinión de Pekín, el punto muerto en que se encuentran las conversaciones comerciales con EE. UU. es total y únicamente responsabilidad de Washington.

    Ambos países concluyeron la última ronda de conversaciones el pasado 10 de mayo en Washington, el mismo día que EE. UU. confirmó la subida de aranceles hasta el 25 % a los 200.000 millones de dólares de productos chinos. Pekín replicó tres días después con el anuncio de un alza similar sobre 60.000 millones de dólares en bienes de EE. UU.

    Estas nuevas tasas han comenzado a aplicarse, sin que los dos países busquen seguir con las negociaciones. EE. UU. ha prohibido a sus empresas hacer negocios con el gigante tecnológico Huawei a partir del 19 de agosto. China amenaza con limitar las exportaciones de sus tierras raras y metales, de uso en numerosas áreas pero imprescindibles en la fabricación de bienes tecnológicos. El presidente norteamericano da por seguro que se entrevistará en la reunión próxima que se efectuará en Tokio, con el jefe de Estado chino. Pero Pekín no ha confirmado hasta el momento esa posibilidad.

    Conclusiones. Mientras que López Obrador en México acató la petición de Trump, seguramente hasta que el Congreso de EE. UU. apruebe el acuerdo firmado con su país y Canadá, China busca todas las medidas posibles, porque la guerra comercial perjudica sus avances en materia económica. Entretanto, Trump espera sacar réditos para reforzar más la economía de su país, lo que le permitirá una posible reelección.

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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