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Espera que desespera

16 may 2018 / 00:00

    Todo gobernante, ya sea para diferenciarse de los que lo antecedieron en el poder o ya para crearse una imagen perpetua (usando el lema correísta de “prohibido olvidar”), trata de ser original, único, inconfundible, etc. De este modo registra cada cual, para el incierto futuro, su “marketing” político que lo pueda mantener en la memoria de los pueblos sucesivos. Así, podemos anotar, registrando nuestra memoria de hormiga, las particularidades de nuestros mandamases a lo largo de la historia, desde Flores, el primero, tan militarista; García Moreno, teocrático de cuerpo entero; Alfaro, tratando de imponer el liberalismo, cuyas conquistas -en su mayoría- fueron ejecutadas por su victimario Leonidas Plaza (como lo calificó el colombiano Vargas Vila en La muerte del cóndor); Velasco y su largo dedo desde el balcón de cada pueblo; Otto Arosemena, con su manía de inaugurar una escuela diaria. En fin, “cada mandatario con su tema” que lo vuelve inconfundible ante la incierta posteridad.

    Lenín Moreno, que trata de descorreizarse aunque teniendo a su lado a la misma tropa, hoy arrepentida, de su antecesor, nos ha sorprendido al acudir de cierta manera a esa paciencia oriental que suele darle “tiempo al tiempo”. Y así, para resolver la crisis de su gabinete, ahora virtualmente acéfalo, se fijó un plazo no tan perentorio de dos semanas, que vencerá precisamente después de siete días, esto es un día antes de cumplir un año en Carondelet. En ese tiempo, que está transcurriendo, resolverá en silencio, soledad, completa calma, como lo dice el viejo pasillo ecuatoriano, a qué ministro cesa o recicla y a quiénes les confirma su confianza, suponiendo que Toscanini y Jarrín, recién nombrados, no entran en la “lista negra” que nos tendrá preparada, por razones más que obvias. Aunque en este mundo traidor todo puede darse.

    El único adelanto que se nos ofrece es el decirle a la hoy exministra Viteri lo de “que le vaya bonito”, por lo que hizo y no hizo, y reemplazarla por un empresario, Richard Martínez, quien, por supuesto, no entrará en la lista de quienes andan con la soga al cuello. Hasta tanto nos refrigeramos con la noticia de la próxima reforma de la Ley Mordaza y la desaparición de la inquisitorial Supercom.

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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