En la consulta sí, pero...

14 ene 2018 / 00:01

    Todos los ecuatorianos deseamos fervientemente recuperar el talante democrático de la administración pública y uno de los caminos hacia ello, a más de la voluntad presidencial y la de su equipo de gobierno, tiene que ver con el resultado positivo de la próxima consulta que someterá a la decisión del pueblo ecuatoriano una serie de asuntos trascendentes.

    Devolverle al país la capacidad de que impere la alternabilidad republicana es sustantivo. Tanto como castigar debidamente a quienes violen a nuestros niños. U obtener autoridades de control designadas de entre los (las) mejores ciudadanos. Por el estilo, incluido obviamente lo relacionado con la muerte civil de los corruptos y la obligación de devolver lo ilícitamente acumulado, y lo relacionado con la protección del medioambiente en cuanto a la explotación de la minería en zonas que merecen amplio cuidado, es sustancial.

    Es obvio que en la presente consulta quedan temas pendientes, tales como las reformas a la Ley de Comunicación para sustraerla de su carácter punitivo o la revisión de la tristemente célebre tabla respecto de las cantidades de estupefacientes que pueden considerarse como de consumo individual.

    Bien haría al respecto el Gobierno nacional, como evidencia de sus intenciones de conciliar su discurso orientado al diálogo como mecanismo de resolución de los conflictos, anhelo frustrado en algunas ocasiones, en resolver asuntos como los citados, antes de la consulta, de modo que esta refrende las intenciones que compartimos mayoritariamente los ecuatorianos.

    Y será altamente valorado que así se proceda en razón de que bochornosas situaciones recientes han afectado, acéptese o no, la credibilidad presidencial y esta es un patrimonio de todo gobierno que, al contrario de lo que está sucediendo, siempre se debe procurar incrementar.

    Las rectificaciones oportunas son un buen mecanismo para así lograrlo, al igual que las correspondientes sanciones a los funcionarios que se permiten contradecir la voluntad presidencial o someterla a inaceptables vergüenzas internacionales, por acción o por omisión.

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