El verde ardor

24 ago 2019 / 00:01

Brasil evoca muchas emociones: Pelé, la final frente a Alemania en la Copa Mundial 2014, el Jesús Redentor del Corcovado, el carnaval y las garotas, Dilma y Lula, los brigadeiros y la feijoada, las cataratas de Iguazú, la esclava Isaura y El Clon; Odebrecht, Bolsonaro y ahora la Amazonía incendiada.

La selva amazónica tiene más de 7 millones de kilómetros cuadrados repartidos entre nueve países y la mayoría en Brasil. Simboliza más de la mitad de la selva tropical del planeta, el 20 % del oxígeno del mundo... .y lleva más de 18 días ardiendo en Brasil, poniendo en riesgo a 1 millón de indígenas y 3 millones de especies de plantas y animales. Las alertas de que andaba mal se presentaron desde mayo, cuando la deforestación alcanzó 34 % más que en mayo de 2018, al iniciar la estación seca. Los informes del Center for International Forestry Research (Cifor) señalan que el rápido crecimiento en las ventas de carne de res brasileña ha acelerado la destrucción de la selva tropical de la Amazonía. El periódico inglés The Guardian, el 3 de julio de 2019 informaba que la deforestación de los últimos 11 meses era mayor a 88,4 % comparada al año anterior. La Agencia Espacial Brasileña dice que ese porcentaje es solo preliminar. La pérdida es el equivalente a ¡más de 3 estadios de fútbol por minuto! Ahora bien, a la destrucción le debe seguir la acción, y es inminente que sucedan varias cosas: 1) que Brasil cumpla sus compromisos internacionales. En septiembre 28 de 2015, entregó su contribución para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera como parte del compromiso obligatorio para todos los países firmantes del Acuerdo de París, a partir de 2020, como fortalecer las políticas en la Amazonía de cero deforestación ilegal para 2030 y compensar ese Co2 liberado por la corta legal de vegetación, restaurando y reforestando 12 millones de hectáreas de bosques, más 15 millones de hectáreas de pastizales degradados. Y mejorar los sistemas sostenibles de manejo de bosques nativos a través de sistemas de georeferenciación y seguimiento, con el fin de frenar las prácticas ilegales e insostenibles. Con esto lograrían reducir en 43 % los gases a la atmósfera para 2030. 2) Solicitar a la Unión Europea que aplique las obligaciones exigidas a Brasil bajo los términos del borrador del Acuerdo de Libre Comercio con el Mercosur de junio 28 del presente año. Y hacerle acuerdo a Emmanuel Macron, presidente de Francia, que cumpla su promesa respecto de ser firme y no firmar el acuerdo si Brasil no respeta sus compromisos ambientales. 3) Solicitar a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y buscar recomendaciones para que hechos similares no vuelvan a ocurrir en el futuro y lo sucedido se investigue y repare, pues el planeta entero, es decir usted estimado lector y yo, y los 7,5 billones de personas estamos en riesgo de sufrir las consecuencias agravadas de un cambio en la atmósfera por las emisiones de Co2. El Protocolo de San Salvador de la Convención Americana sobre Derechos Humanos prescribe que el medio ambiente sano es uno de esos derechos; si no existe calidad de recursos naturales no existe bienestar para la humanidad. En esto trabajamos con colegas de Costa Rica y Brasil. 4) Como ciudadanos: preocuparse, aprender lo que está pasando, comprometerse a una acción (¿plantar árboles? ¿Comprar productos certificados sobre su origen y sus materiales?) y elegir mejor a los que quieren postularse a cargos públicos. Porque más importante y urgente que aumentar el ingreso económico de un país a base de un delito, es el desarrollo sostenible y bienestar de ese país y de la humanidad.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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