El “Trumpeo” de Ucrania

13 mar 2019 / 00:01

Si la vida imita al arte, Nikolai Gogol podría haber escrito el guion de acontecimientos políticos clave de los últimos años. Piénsese en la historia de una mujer anunciando su candidatura presidencial, que se convierte rápidamente en la favorita. Pero entonces sale de la nada otro candidato: una estrella televisiva sin cualificación para ejercer un cargo público. El intruso bufonesco lanza una mentira tras otra a su oponente y esparce absurdas promesas sobre seguridad y bienestar social. Sus propuestas no resisten el menor escrutinio, pero más y más ciudadanos se pasan a su campo. El mundo mira sorprendido cómo llega a la victoria a punta de engaños. Esta comedia negra describe la elección presidencial estadounidense de 2016, cuando Donald Trump llegó al poder. EE. UU. podría recuperarse, pero en Ucrania, donde nació Gogol, su independencia siempre parece estar pendiendo de un hilo y está pasando por la misma grotesca historia que llevó a Trump al poder. Las últimas encuestas de opinión muestran aumento del apoyo público a Volodimir Zelensky, un comediante que antes representaba un ingenuo presidente en TV, a pesar de no saber nada de política o de la función pública. A diferencia de EE. UU., Ucrania no tiene margen de error en política. Está sumida en una guerra no declarada con Rusia, que ha cobrado cerca de 15.000 vidas y convertido a más de un millón de personas en refugiados en sus propias tierras. Tras ser invadida por su poderoso vecino y atestiguar la anexión ilegal de Crimea, no está en situación de poner su todopoderosa presidencia en manos de un advenedizo político. Al fingirse capaz de manejarse con las muchas complejidades del país, Zelensky, igual que Trump, deja entrever desprecio por el país que dice amar. No es capaz de enfrentarse a los oligarcas ucranianos beligerantes y ansiosos por vaciar las arcas del Estado bajo la supervisión ausente de un tonto útil. Los otros dos candidatos principales, el actual presidente Petro Poroshenko y la dos veces ex primera ministra Yulia Timoshenko, tienen ambos un montón de equipaje político. Poroshenko ha sido presidente los últimos cinco años de guerra no declarada con Rusia y ha emprendido algunas reformas de importancia (la del sistema de transmisión del gas). Pero ha hecho poco por mejorar la preparación del ejército ucraniano o evitar que miembros de su camarilla y ministros saqueen su presupuesto. Él mismo se ha enriquecido bastante. Aunque en los años 90 y durante sus mandatos causaba divisiones, Timoshenko demostró su eficacia en negociaciones con el presidente ruso Vladimir Putin para poner fin a una disputa en torno al gas en 2009, salvando a Kiev, y a gran parte de Europa, de un gélido invierno. Victor Yanukovich, títere del Kremlin, entonces presidente de Ucrania, la llevó a juicio por “abuso de poder” tras su propia elección en 2010. Sus oponentes gastaron millones de dólares buscando evidencias de corrupción pero acabaron sin encontrar nada en sus dos mandatos como primera ministra. Zelensky posa como un afuerino no manchado por la cultura de engaños del país, cuando de hecho es un palo blanco de Ihor Kolomoisky, uno de los oligarcas con menos principios de Ucrania, dueño del canal de TV que lanzó a Zelensky al estrellato. Cuando se le preguntó sobre sus vínculos con Kolomoisky, Zelensky fingió ignorancia. A pesar de sus defectos, Timoshenko es la única opción realista para Ucrania. Tras sobrevivir a una sentencia de prisión injusta, ha demostrado estar preparada para hacer difíciles opciones para el país, a pesar de las consecuencias personales que le traigan.

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