El señor que habla al oído del cura

23 jul 2019 / 00:01

Bueno, lo único inesperado sucedió: el señor habló al oído del Cura Tuárez y le sopló una gran idea: promover una Asamblea Constituyente para que todo el mundo se vaya a la casa. Si el GPS que usa el presidente del Cpccs es el que sus críticos develan en las redes sociales, hay que convenir que el señor que le susurra al oído, está en Bélgica. La iluminación que tuvo se ajusta, al pie de la letra, a la tesis que Rafael Correa promueve y lanzó en Bogotá -tras su salida del poder- en septiembre de 2017. Entonces dijo: “Y si siguen destruyendo lo logrado, vamos a impulsar una Asamblea Nacional Constituyente, y si se impulsa esa Asamblea Nacional Constituyente, tendré que volver como candidato, eso me va a costar muchísimo a nivel familiar, pero entiendo claramente la responsabilidad que tengo ante la historia”.

Cuatro meses después de dejar el poder y darse cuenta de que Lenín Moreno debía traicionarlo para sobrevivir políticamente, Correa trazó la única ruta posible a sus ojos para volver al poder: hacer, por adelantado, ‘tabula’ rasa de lo que iba a hacer Moreno y pautar una estrategia para reinstalar el régimen autoritario que le costó diez años levantar. El cura Tuárez lo repite como si hubiera anotado lo que le dijo al oído: llamar a una Asamblea Constituyente a nombre de los ciudadanos (esa es la buena coartada siempre). Pero “donde no tengamos que dar cuenta a los partidos políticos ni a las élites económicas del país”. Tuárez expresó el sueño consumado del despotismo: no dar cuentas a nadie.

Correa no pudo evitar el viraje de Moreno. Y tampoco podrá evitar las investigaciones que lo vincularán, en pocas semanas, con delitos que serán juzgados en su ausencia y que son imprescriptibles. El cura Tuárez es su alfil, su ‘outsider’ pero tampoco podrá convocar la Constituyente. Ese juego ha finalizado por ahora. Pero Correa y él hacen parte de la historia dramática que arrastra el país sin saber cómo virar esa página. Correa fue el depositario de todas las expectativas y, a la vez, el mayor motivo de desesperanza. Fue, gracias a la bonanza económica, la mayor perspectiva de transformación y, a la vez, el jefe del mayor grupo de delincuentes que llegaron al Estado a robar. Fue el político que más veces fue votado y, a la vez, el monarca autoritario que usó el poder para perseguir con saña. Correa es el espejo en el cual nadie quiere mirarse. Ecuador es, políticamente, un país perplejo que no sabe en quién confiar. No procesa haber creído tanto en un líder, al punto de votar a favor de que meta la mano en la Justicia, y comprobar ahora que fue engañado y que Correa montó con los suyos, una enorme industria de corrupción destinada a mantenerlos en el poder.

Quizá Correa no tenga posibilidades de volver al país, peor al poder (por lo menos en los próximos años). Pero es inevitable que esté involucrado en casi todos los asuntos que se dirimen en la Asamblea, en la Fiscalía, en la Contraloría, en la Justicia. Mientras tenga un resquicio político para volver, mientras no esté judicialmente enterrado, mientras no esté simbólicamente muerto (como lo está el rey en un juego de ajedrez), seguirá siendo el centro de todas estas tentativas burdas de restauración. Sus leales (engañados o corruptos y con problemas en la justicia) seguirán apostando a su retorno. Y eso tiene consecuencias. Unas judiciales, y llevan a inculpados como Alexis Mera y María de los Ángeles Duarte, que iban a colaborar con la Justicia, a abstenerse. Otras políticas, y llevan a alfiles suyos, como el cura Tuárez, a confundir su voz con la de otro Señor.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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