El poeta “decapitado”

15 may 2019 / 00:01

    La escuela modernista rubendariana que trató de imponer una identidad algo original de un continente que en la literatura le estaba copiando todo a la vieja Europa, llegó a nuestro país con algunos años de retraso. Y escogió para manifestarse el dolor, la angustia y hasta el suicidio, aunque expresando toda esa decadencia en forma maravillosamente armónica, esto es, conservando la musicalidad que se conseguía a través de la rima y la severa medida de cada línea lírica que años después, impuesta ya la vanguardia, se obviaría a través de los “versos blancos”.

    Esta forma de ser de nuestros vates de comienzos del siglo pasado hizo que el crítico Raúl Andrade, en su tan original obra El perfil de quimera, calificara a esta generación como “decapitada”. Y la corta existencia de los cuatro poetas que la integraron, Silva, Noboa, Fierro y Borja confirma este calificativo, pues dos de ellos apenas llegaron a los 21 años y los otros dos solamente pudieron cruzar la treintena.

    Precisamente uno de estos dos jóvenes que se fueron cuando estaban saliendo de su adolescencia (el otro fue Arturo Borja, que al parecer fue víctima de una sobredosis de morfina a los seis meses de casado) fue el guayaquileño Medardo Ángel Silva, cuya desaparición se recuerda ahora en su centenario.

    Un solo libro alcanzó a publicar quien se suicidó ante la joven dama que amaba, bajo el título de El árbol del bien y del mal, dejando inéditos originales de otros textos poéticos que se publicarían a posteridad como Las trompetas de oro.

    El posmodernismo de Carrera, Escudero y León apagaría después esos sollozos modernistas que coincidirían con la frase de Jean P- Sartre: “El hombre, ese condenado a muerte”. Sin embargo, el dolor prematuro no pudo apagar la grandiosidad del mensaje de Silva que, con su talento creador, hizo excepciones en los sonetos al barrio Villamil o en ese homenaje lírico a Anna Pavlova, cuando se presentó en Guayaquil, con Danse D’Anitra. Por su gran calidad, ese decadentismo de Medardo no conduce a la desesperación sino a lo profundo.

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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