El karma del presidente

25 jun 2019 / 00:01

“Cada vez más lejos de lo que fue Correa, en nombres y conceptos”: esa es la definición que da una alta fuente del gobierno al cambio de gabinete anunciado. El Ejecutivo ha sido particularmente discreto desde la primera semana de mayo, cuando pidió la renuncia a sus ministros: no ha dicho si la remodelación ministerial será masiva o a cuentagotas, y en función de qué serán seleccionados los secretarios que acompañarán al presidente, en teoría, hasta el 24 de mayo de 2021.

El tiempo que se toma Lenín Moreno para recomponer su gabinete es revelador de las dificultades políticas que enfrenta. No hay duda de que sigue prisionero de deudas, secretos y lealtades tras dos años de haber llegado al poder. Su mayor legado ya es historia y así será recordado: como el presidente que quebró la dinámica autoritaria del correísmo y evitó que Rafael Correa se perpetuara, con su apoyo, en el poder. Moreno no quiso ser el Dimitri Medvédev ecuatoriano. No permitió que Correa lo usara de marioneta como Vladímir Putin hizo con Medvédev para saltarse una prohibición de la Constitución: que una persona pudiera permanecer en el poder más de dos mandatos seguidos. Tras el favor de su marioneta, recuperó el trono y ya no lo suelta.

Moreno traicionó la estrategia de Correa. Ese es y será el logro mayor de su gobierno y la única razón consistente capaz de explicar políticas, tiempos y movimientos de su gestión gubernamental. Es obvio que, desde antes de instalarse en el poder, Moreno buscó aliados para operar la ruptura con Correa. Lo hizo como jefe de una tendencia alternativa a la visión del líder autoritario que, en sus primeras reflexiones tras el cisma, presentó como contraria a los postulados de Alianza PAIS, (AP). Por eso usó algunos impresentables de ese movimiento y lo hizo pensando en dividirlos mientras tomaba supuestamente forma un nuevo programa político. Programa que iría apareciendo al andar. Ahora su estrategia es fortalecer esa ruptura y sellarla con fuerzas democráticas opuestas a Correa. No es una casualidad que entre sus operadores más cercanos estén los dirigentes de Ruptura que dejaron el gobierno de Correa relativamente pronto (con respecto al resto): el 28 de enero de 2011.

Moreno, en cambio, estuvo hasta el final. Ese es su karma y su ventaja. Karma, porque acumuló prácticas, secretos, favores y lealtades que ha administrado reciclando correístas (Guillaume Long), socapando sus acciones (Richard Espinosa), premiándolos con cargos (propuso a Alexis Mera como embajador en Estados Unidos) o promocionándolos a otras funciones con plata del Estado (María Fernanda Espinosa).

Ventaja, porque Moreno tenía la confianza y el conocimiento adecuados para producir los antídotos necesarios dentro de AP para generar la ruptura con Correa (no forzosamente con el correísmo) sin violencia. Lo hizo (en parte) en la Asamblea, (en parte) en el gobierno y (en parte) con el Cpccs. Y hacerlo (en parte) será su marca. Porque generó la ruptura que la sociedad esperaba, pero tuvo y tiene la desgracia de pertenecer a ese grupo correísta que durante una década cometió todas las atrocidades que denuncia desde que está en Carondelet. Por eso sus políticas resultan siempre ambivalentes. Como ambiguas e inciertas son las actuaciones del mal llamado grupo parlamentario que supuestamente es el suyo. Eso es el morenismo. Y eso explica la dilación que hay en la conformación del nuevo gabinete. Que será, según parece, “más lejos de lo que fue Correa, en nombres y conceptos”.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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