El error fatal de las democracias antiliberales

27 feb 2019 / 00:01

Las protestas callejeras en Budapest contra la nueva legislación que rige las horas de trabajo extra -rápidamente apodada la “ley esclavista”- ponen de manifiesto la vulnerabilidad de las democracias antiliberales que han surgido en Europa central. La ley, introducida sin ninguna consulta, pretende limitar los costos laborales y la movilidad para mantener la inversión extranjera directa (IED) -y los empleos- en Hungría. También beneficia a los empleadores, incluyendo a la nueva élite políticamente conectada que rodea al primer ministro Viktor Orbán. Pero la historia no termina ahí. La naturaleza divisiva de los gobiernos antiliberales de la región impide la generación de consenso y ha debilitado tanto la libertad académica y las instituciones independientes que las respuestas políticas creativas para los desafíos económicos se están agotando. Como resultado, el único mecanismo de reacción en la región son las manifestaciones y la desobediencia civil. Las enormes protestas que hoy enfrenta el régimen de Orbán tal vez sean solo una muestra de lo que está por venir. Los mercados laborales de Europa central son precarios y la escasez de mano de obra es importante. El desempleo ha caído a la vez que los salarios reales han aumentado marcadamente (aunque sus niveles sigan por debajo del promedio para los países avanzados de la UE). Esta situación refleja un fuerte crecimiento en la región y un achicamiento de la fuerza laboral. Las economías de Europa central se han expandido a una tasa de más de 3 % anual en los últimos años, gracias a transferencias de la UE todavía altas y a un estímulo de la política monetaria doméstica por o a la sombra del alivio cuantitativo del Banco Central Europeo. Según un informe reciente del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo, la escasez de mano de obra, particularmente de trabajadores calificados, se ha vuelto generalizada en la región, en tanto la población envejece y la emigración reduce la fuerza laboral. La Europa emergente se “está volviendo vieja antes de volverse rica”, observa el BERD. La automatización también exige mano de obra recientemente calificada, que no existe en el mercado. Todos estos factores están haciendo subir los salarios. Los empleadores hoy se quejan de la escasez de mano de obra y, según se informa, las firmas multinacionales han venido considerando trasladar las operaciones nuevamente a Occidente o a países candidatos de la UE más económicos en el sudeste de Europa. No es una amenaza hipotética. Europa central está en un punto de inflexión económico. El antiguo modelo de convergencia liderado por las exportaciones, basado en el acceso al mercado y la financiación de la UE, en un respaldo de la inversión física, en una recuperación de la productividad y en costos de mano de obra bajos ha beneficiado a la región, pero está agotado. Europa central necesita un nuevo modelo de crecimiento basado en la innovación que no se rija por el precio de la mano de obra sino por una mano de obra de alta calidad, lo que requiere inversión en educación y capacitación de por vida, así como mejores políticas sociales. El gasto presupuestario debe priorizarse en consecuencia y se debe fomentar la libertad académica, la creatividad y el diálogo , que cada vez escasean más. Sin embargo, a las democracias antiliberales de la región les costará gestionar este cambio. La buena noticia aquí es que cuando la necesidad de enfrentar el cambio económico se torne inevitable, las deficiencias naturales de las democracias antiliberales finalmente terminarán por erosionarlas

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