¿El capitalismo derrotará al cambio climático?

06 may 2019 / 00:01

Quienes visitaron Londres en Pascua encontraron calles y edificios ocupados por activistas del movimiento Rebelión contra la Extinción, que alertan contra una catástrofe climática y rechazan “un sistema capitalista fracasado”. Los observadores de los bancos centrales han visto a los gobernadores del Banco de Inglaterra y de la Banque de France advertir que los riesgos relacionados con el clima son una amenaza a las ganancias de las empresas y a la estabilidad financiera, poniendo de manifiesto la gravedad del problema climático. Para resolverlo no bastarán advertencias; es necesario que los gobiernos fijen metas ambiciosas y realistas para anular las emisiones de dióxido de carbono y otros gases de efecto invernadero, complementadas con políticas que garanticen su logro. Todas las economías desarrolladas deberían fijarse como objetivo legalmente definido llegar a una emisión neta de CO2 igual a cero en 2050. Los activistas de la Rebelión contra la Extinción no se equivocan al afirmar que el capitalismo no puede resolver el problema por sí solo, por más perfecto que sea el régimen de divulgación de información financiera. Proponen un compromiso público de llegar a un nivel de emisión neta igual a cero en 2025. Esto supone un enorme perjuicio a los niveles de vida, lo que pone en peligro el apoyo de la población a acciones menos extremas pero eficaces. ¿Cuánto tiempo tenemos? Los mejores datos científicos disponibles, presentados en el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos de NN. UU. sobre Cambio Climático indican que el objetivo debe ser limitar el calentamiento global a no más de 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales: llegar a una emisión global de CO2 igual a cero en 2050. Serán necesarias grandes inversiones en nuevas fuentes de energía y una mejora de la eficiencia energética. Es técnicamente factible, como plantea el reciente informe Mission Possible de Energy Transitions Commission. Fijando un plazo de 30 años, en vez de cinco, y mucho antes en economías desarrolladas, podemos avanzar a un mundo sin vehículos gasolineros o diésel, descarbonizar la producción de acero y cemento, el transporte marítimo y la aviación, y lograr el enorme aumento de producción descarbonizada de electricidad necesario para compatibilizar una mejora de los niveles de vida en países en desarrollo con sostenibilidad del planeta. El costo económico agregado de la transición será pequeño y en algunos sectores, insignificante. Si en 2040 o 2050 usamos acero de producción limpia para fabricar autos, el incremento previsible en costos de producción y precios será menor a 1%. Pero se necesita el apoyo de la gente a ciertos aumentos de costos y cambios conductuales. La descarbonización de la aviación tal vez la encarezca 10 o 20 % y todavía no existe un modo garantizado de anular por completo las emisiones de la agricultura sin una gran reducción del consumo de carnes rojas. Para acelerar el avance hacia un nivel de emisión neta global igual a cero, los países deben fijar metas legalmente vinculantes. El CCC del RU recomienda un importante ajuste de la meta, que debería exigir un nivel nulo de emisiones en 2050. Lo crucial: cero tiene que ser cero. Es necesario que todas las economías desarrolladas se comprometan ya con la emisión nula en 2050, y antes en aquellos países con abundante provisión de energía hídrica, eólica o solar. También debe hacerlo China. Si los inversores saben que la meta de descarbonización total en 2050 no es negociable, abandonarán a cualquier empresa con planes no compatibles con ello.

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