EE. UU. y China,enemistad de semejantes

29 nov 2018 / 00:01

Hace mucho se dice que la rivalidad estratégica que comenzó a aparecer entre Estados Unidos y China en años recientes podía algún día convertirse en confrontación. Ese momento ha llegado: bienvenidos a la Guerra Fría 2.0. El discurso estándar sobre el conflicto sinoestadounidense lo describe como un enfrentamiento entre dos sistemas distintos. La nueva confrontación no se basa en las diferencias entre ambos países, sino en sus crecientes semejanzas. China y EE. UU. eran el yin y el yang de la economía global, con EE. UU. en el papel de consumidor y China en el de fabricante; durante años, China redirigió sus superávits a la compra de bonos del Tesoro de EE. UU., siendo garante de la prodigalidad estadounidense y forjando un vínculo simbiótico que el historiador Niall Ferguson denominó “Chimerica”. Pero eso ya es cosa del pasado. Con su política ‘Made in China 2025’, el presidente chino Xi Jinping está subiendo a su país en la cadena global de valor, con la esperanza de convertirlo en líder mundial en inteligencia artificial (IA) y otras tecnologías de avanzada. Para ello limitó el acceso de las empresas occidentales a sus mercados, supeditándolo a que transfieran tecnología y propiedad intelectual a “socios” locales. Y mientras China reorientaba su modelo de desarrollo económico, EE. UU. reemplazó su tradicional enfoque de ‘laissez-faire’ con una estrategia industrial propia. Detrás de la guerra comercial de Trump hay un deseo de reequilibrar el campo de juego económico y “desacoplar” a EE. UU. de China. Y ahora que ambos países están trabados en una competencia de suma cero, el equipo Gafam (Google, Apple, Facebook, Amazon, Microsoft) y el equipo BATX (Baidu, Alibaba, Tencent, Xiaomi) están librando a escala global una guerra basada en el conocimiento técnico y el acceso a datos. Mas al tratar de sacarse la delantera en las mismas áreas, las estrategias estadounidense y china se están volviendo más parecidas. Aunque a China todavía le falta mucho para ponerse a la par, su gasto total en defensa ya es el segundo del mundo después de EE. UU. Y con el establecimiento de su primera base militar de ultramar en Yibuti, está indicando que sus ambiciones son globales, no regionales. También comparten cada vez más una predilección por el intervencionismo. Otra área de convergencia sinoestadounidense tiene que ver con el sistema multilateral. En vez de convertirse en un participante responsable del orden liderado por EE. UU., China está desarrollando lo que podría describirse como internacionalismo con características chinas. El orden mundial que imagina China no se basa en el multilateralismo, sino en relaciones bilaterales entre países. Al tratar con otros gobiernos por separado, China puede negociar desde una posición de fuerza e imponer sus propias condiciones. La doctrina de “Estados Unidos primero” de Trump encarna la misma visión para Estados Unidos. Tanto él como Xi han adoptado un mensaje de rejuvenecimiento nacional. Esto llevó a Xi a reemplazar la vieja política exterior china de moderación y cooperación táctica con otra basada en la búsqueda de la grandeza nacional. Y ambos líderes han concentrado cada vez más las decisiones de política exterior en sus manos y debilitado los sistemas de controles y contrapesos de sus respectivos países. La “Guerra Fría 2.0” no presenta el mismo choque de ideologías utópicas que la original. Las dos superpotencias disienten en cómo debe organizarse el mundo, pero coinciden en que puede haber un solo ganador.

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