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Denunciar, juzgar y sancionar

12 jun 2018 / 00:01

    No es grato estar escribiendo a menudo sobre casos de corrupción. Como es obligatorio combatirla, incluso en razón de un mandato constitucional, aquí va el presente cañonazo para analizar con los lectores una nueva y curiosa situación: la generada por las denuncias producidas hasta por el presidente de la República que ahí quedan, sin que nadie las asuma y las judicialice.

    En efecto, el 24 de mayo, con motivo del informe a la nación de su primer año de gestión, el presidente Moreno hizo importantes revelaciones sobre casos de corrupción que lo llenaban de vergüenza pero, ya va a transcurrir un mes de lo señalado y no se conoce que alguien esté siendo investigado, peor sancionado. Así, las denuncias se constituyen en una lluvia que no moja. Se vuelven un adorno del discurso oficial que se espeluzna con ellas, y sin embargo, mantiene vivo su principal ingrediente propiciador: la impunidad. Entonces, por omisión o complicidad, los corruptos siguen muertos de la risa.

    Y continúan dándose situaciones como lo denunciado recientemente por diario EXPRESO, que francamente es de Ripley: desde 2013 en el Ministerio del Interior las compras se hicieron bajo la cubierta de la figura de emergencia para permitir su adjudicación a dedo. Se realizaron adquisiciones que llegaron a superar los quinientos millones de dólares y favorecieron especialmente a doce proveedores. Cinco años después el actual ministro del Interior tiene que pedirle a la Contraloría que realice el correspondiente examen. Mientras tanto, la Sercop se lava las manos y recita el manual. Bien harían en hacérselo aprender de memoria a los responsables de las compras públicas.

    Por otra parte, ya no en el anterior gobierno, sino en el actual, que lleva solo un año, acaba de denunciarse que en el tarifario de las garrapatas que siguen incrustadas en la ahora flaca ubre nacional, el Ministerio de Agricultura se vende en un millón y medio de dólares, que hay quien lo compre prometiendo buena conducta y que quien donó los chimbilines, generoso, no espera recompensas, solo quiere estar a resguardo. ¿Qué esperan las autoridades de control?

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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