De los derechos

17 abr 2019 / 00:01

    Tenemos derechos como seres humanos. El fundamental es el derecho a la vida, el cual involucra la obligación a buscar los medios para protegerla y sustentarla. Esto nos lleva al derecho a disfrutar de ese inalienable bien que es la libertad; libertad para poder tomar las acciones de un ser racional para preservar la vida. Pero para ello necesitamos los medios, un método para sobrevivir. Esto conduce al derecho a la propiedad. Finalmente, para conservar la vida y cuidar la propiedad requerimos de motivación: el derecho a buscar bienestar y satisfacción.

    El derecho a la vida es el derecho de autopreservar nuestra existencia. No implica que otro deba proveerme de comida, refugio o medicinas. El derecho a ser libre no significa que los demás tengan que acatar mis deseos o que tengan la obligación de tratar o de negociar conmigo. El derecho a la propiedad no significa que los demás tengan que dármela; yo tengo que proveérmela. El derecho a buscar la felicidad es precisamente eso: una búsqueda que no siempre implica logro, ya que, de otra forma, si yo no me la puedo proporcionar, los demás estarían obligados a darme esa satisfacción y bienestar, aun sacrificando su propia felicidad y por ende sus legítimos derechos. La sobrevivencia del hombre se fortalece en una sociedad gobernada por la razón, en donde todos sus miembros actúan como individuos, no como “manada”.

    La sociedad es un cuerpo organizado de personas que desean proteger sus derechos individuales y no posee derechos “per se”; es el hombre, como ser racional, el que los posee. De otra forma estos derechos individuales serían limitados y por definición nos encontraríamos ante una contradicción: estos derechos son inalienables, priman por sobre todo. Los derechos del individuo son el vínculo entre el código moral de un hombre y el código legal de una sociedad, entre la ética y la política.

    Para defender los sagrados derechos del individuo, la sociedad establece un sistema de gobierno. Desgraciadamente estos gobiernos que deberían ser siempre funcionales y justos, en ocasiones se tornan en todo lo contrario.

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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