Cuesta se empantana

20 ago 2019 / 00:01

Santiago Cuesta, el principal consejero del presidente, tacó burro, como diría un experto en billar: falló en su intento de golpear correctamente la bola para hacer una carambola. En su caso, convencer al país de que hay que cerrar inmediatamente la Refinería de Esmeraldas porque está causando problemas de salud.

42 años tiene esa refinería. Es verdad que luce como Frankenstein por las reparaciones que ha sufrido. Es verdad que el correísmo cometió la proeza de gastar $2.300 millones (robando a manos llenas) para repotenciarla y no la dejó operativa. Y es verdad igualmente que no produce combustibles de calidad y que contamina. Sin embargo -y quizá por todo eso- se requiere tomar decisiones con cabeza fría y cotejando informes de los expertos sobre su destino. No es lo que está haciendo Santiago Cuesta.

¿Por qué tacó burro?

Primero: él es el encargado de la modernización del país. A ese título, no ha consensuado una posición en el frente interno. Carlos Pérez, ministro de Energía, no comparte ni su diagnóstico ni su propuesta. Cuesta quiere cerrar la planta de refinación mientras una empresa privada construye otra refinería. Pérez quiere concesionar la administración de la planta para que una empresa, usando su dinero, mejore la calidad de los combustibles y las emisiones al medio ambiente.

Segundo: está impulsando la instalación de una nueva refinería sin mostrar un balance técnico de cómo está la refinería tras la repotenciación, con robo incluido, del correísmo. Y sin decir si hay partes de esa refinería que, como dicen expertos, pueden servir otros 30 años. Le bastó con calificar la repotenciación de “mamarrachada”. E hizo su anuncio antes de que, por ejemplo, el Ministerio de Trabajo presente su informe sobre el impacto en la salud de los trabajadores. Cuesta habla tan suelto de huesos de los efectos de la refinería en la salud y el medio ambiente, que deja suponer que lo hace sin tener a mano informes calificados.

Tercero: está empujando el cierre de la refinería basándose en un discurso emocional (tenemos un activo que produce veneno, ¿quiere que siga funcionando?), sin cifras de por medio y con promesas sacadas de la manga (según él habrá una inversión extranjera en Esmeraldas de $6.000 millones).

Cuarto: no se conduce con la ponderación que requiere una decisión que puede costar miles de millones de dólares al país. En el cruce de argumentos que tuvo con el experto petrolero Luis Calero, en una radio quiteña el jueves pasado, Radio Democracia, atropelló algunas veces el sentido común. Reconoció que, si se cierra de un golpe la refinería, como lo está proponiendo, puede significar gastos adicionales al Estado (porque se deja de refinar 110 mil barriles de derivados). Los costos podrían alcanzar $1.700 millones anuales. No ha previsto, como propone Calero, otras opciones que no costarían dinero al país. Por ejemplo, construir unidades adicionales para que, mediante contratos de prestación de servicios, se pueda obtener combustibles de mejor calidad. Pero, enterado de que esto tardará dos o tres años, Cuesta respondió que no importa pagar $1.700 millones más por año porque lo contrario es seguir envenenando... ¿No importa?

Quinto: su manejo político es irresponsable. Según él, dijo a la prefecta de Esmeraldas que proponga una consulta sobre si prefieren seguir envenenándose o cerrar la refinería y que el Estado pague. En definitiva, Santiago Cuesta no muestra ponderación para tomar una decisión en un asunto de interés nacional. Por eso algunos piensan que en su propuesta de cerrar ya la refinería, hay gato encerrado.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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