Cuando no se puede confiar en Trump

30 sep 2019 / 00:00

La Casa Blanca está intentando impedir que la Comisión Permanente Selecta sobre Inteligencia de la Cámara de Representantes analice una denuncia que detalla los repetidos intentos del presidente Donald Trump por presionar al presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, para que investigue al hijo del exvicepresidente Joe Biden, importante candidato demócrata para enfrentar a Trump por la presidencia en 2020. Las encuestas sugieren que la población ya no está sintonizando los dramas diarios de televisión realidad de la administración Trump. Más allá de si el escándalo de Ucrania sigue o no en las tapas de los diarios, atormentará a la comunidad de inteligencia de EE. UU., que ha sido la bestia negra de Trump desde el día que asumió. Trump ha atacado sin tregua a las agencias de inteligencia de EE. UU., brindó trato acogedor al presidente ruso Vladimir Putin y divulgó secretos a funcionarios extranjeros, potencialmente quemando fuentes de alto valor. Este comportamiento ya había planteado serios temores sobre si se puede o no confiar en que reciba inteligencia sensible. Ahora, los líderes de inteligencia deben preguntarse cuán lejos están dispuestos a llegar en cuanto a acatar las órdenes de la Casa Blanca. La antipatía de Trump por las agencias de inteligencia tiene implicancias de amplio alcance para la seguridad nacional de EE. UU. El puesto de DIN, principal empleo de inteligencia del país, sigue vacante; si la historia sirve de guía, habrá otros funcionarios que partirán antes de la elección de 2020, dejando más puestos vacíos. Trump cada vez más ha intentado ocupar los puestos clave de la seguridad nacional con títeres políticamente leales como John Ratcliffe, congresista junior cuyo nombramiento como DIN fue retirado tras revelaciones de que había falsificado su currículum. La campaña de 2020 empeorará las cosas para la comunidad de inteligencia. Desesperado por demostrar su propio poder y logros, Trump será aún menos cuidadoso con la información clasificada. Los espías norteamericanos no confían en él. La CIA se vio obligada a retirar un activo ruso excepcionalmente valioso de Moscú en 2017, entre otras cosas, por temor a que Trump pudiera poner en peligro la seguridad del propio individuo. El escándalo de Ucrania refuerza estos temores porque sugiere que Trump no dudará en ignorar los intereses de los aliados y socios de inteligencia de EE. UU. cuando esto favorezca sus intereses políticos. También ha desestimado las pruebas en curso de misiles de corto alcance de Corea del Norte, aunque analistas de inteligencia norteamericanos, surcoreanos y japoneses las ven como evidencia de la creciente capacidad de Corea del Norte para lanzar ataques contra Japón y Corea del Sur (y contra fuerzas estadounidenses estacionadas en ambos países). El asunto de Ucrania también ofrece un indicio temprano de cómo lidiará Trump con la inteligencia que amenaza sus perspectivas de reelección. Las agencias de inteligencia y orden público de EE. UU. -incluido el FBI- han advertido que los ataques rusos en la elección de 2020 ya están en marcha, lo que pone a las agencias directamente en conflicto con Trump, quien todavía niega que el Kremlin ayudó en su campaña de 2016. La capacidad de la comunidad de inteligencia para cumplir su función en estas condiciones dependerá de sus líderes.

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