Anomia

13 jul 2019 / 00:54

    A una pregunta una respuesta. A la causa una consecuencia. De niños aprendemos que si tocamos el fuego nos quemamos, que el mal comensal se enferma, que el que roba, atropella o mata, sanción tendrá.

    De la observación de causalidades la sociedad deriva reglas lógicas; las más sólidas de entre ellas son el consenso científico. Es increíble: si no entendemos las causalidades del mundo que nos rodea, nuestro accionar solo puede ser inconsecuente. Y como en la escuela no hay clases de esto...

    Frente a una pregunta para la que no tenemos respuesta, ofrecemos una respuesta alternativa, que atiende otra pregunta que sabemos contestar. Para identificar el porqué de un evento que no comprendemos, disparamos una ráfaga de causas para ver si le damos al blanco. Lo correcto, obviamente, es decir no lo sé y pedir más información. Círculos disímiles bailan aleatoriamente frente a los sujetos de un famoso experimento; su interacción es interpretada, con base en nada, como una narrativa, con causalidades y responsabilidades que el autor del experimento ríe al escuchar. No siempre es ignorancia; es a veces reflejo, fatiga o desidia. El estudio de nuestra limitada capacidad para comprender causalidades le ha valido varios premios Nobel a sus estudiosos.

    Vimos esto cuando Estefi Espín preguntó a la Secretaria Anticorrupción: ¿cómo puede un gobierno investigar independientemente su propia corrupción? Con un garabato complicado, parafraseando la pregunta, sin responderla, eludió todo razonamiento causal; y nadie se dio cuenta. Correa se esconde en una complicada trama de causalidades y responsabilidades; Lenín lucha porque no se le atribuyan a él las causas de una crisis que heredó.

    Tiempo atrás un francés propuso la palabra “anomia” para expresar el estado en el que quedamos cuando perdemos el sentido, cuando perdemos nuestros valores y referencias tradicionales, cuando se nos pierde el norte. Es así que queda la sociedad cuando ignora o pierde el respeto por las relaciones causales. Si el culpable anda libre y el inocente es acusado, si no podemos ponernos de acuerdo sobre las causas de una crisis económica, estamos en anomia.

    “Es así que queda la sociedad cuando ignora o pierde el respeto por las relaciones causales”.

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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