Confrontación infernal: Irán-EE.UU.

15 may 2019 / 18:29

    Samantha Power, exembajadora de Estados Unidos ante Naciones Unidas, alguna vez calificó a las guerras genocidas como “un problema infernal”. En momentos en que la administración del presidente norteamericano, Donald Trump, eleva al máximo las tensiones con Irán, el mundo debe contar con la perspectiva de una “confrontación infernal” entre los dos países. Por ahora, tanto Estados Unidos como Irán dicen que no quieren una guerra. Sin embargo, paso a paso, inexorablemente, avanzan en una trayectoria de colisión.

    EE. UU. ha incrementado significativamente su despliegue militar en el vecindario de Irán, al enviar el grupo de ataque del portaaviones USS Abraham Lincoln y un grupo operativo con bombarderos a Oriente Medio para advertir al régimen iraní respecto de cualquier medida amenazadora.

    Los líderes de Irán han denunciado la acción como una guerra psicológica y la consideran una provocación destinada a empujar a su país a un conflicto militar. Desde que asumió, Trump ha sido implacable en su descripción de Irán como la causa de todos los males -incluido el terrorismo internacional- en la región y más allá. Ha revertido la política de compromiso de su antecesor Barack Obama y hoy ejerce una presión máxima sobre el régimen iraní.

    Trump quiere generar un cambio de régimen, o por lo menos un cambio en su comportamiento; degradar la economía de Irán para que el país ya no pueda ser actor regional influyente, y apuntalar a Israel como el aliado más leal y poderoso de EE. UU. en Oriente Medio, y forjar lazos estratégicos estrechos entre el Estado judío y los países árabes que se oponen a Irán, incluidos los estados del Golfo, liderados por Arabia Saudita, y Egipto.

    Para lograrlo, ha retirado a EE. UU. del acuerdo nuclear iraní de 2015 y ha impuesto duras sanciones a Irán que afectan a todos los sectores de su economía. Irán es capaz de hacer que cualquier ataque militar estadounidense -con o sin apoyo de Israel o Arabia Saudita- resulte muy costoso para EE. UU. y la región y ha fomentado una estrategia de guerra asimétrica basada tanto en poder duro como blando. Si bien carece de fuerza aérea de primera línea moderna ha hecho un progreso importante en desarrollar y producir misiles de corto, mediano y largo alcance, que tienen la capacidad de atacar blancos tan lejanos como Israel y podría apuntar a lugares emblemáticos en Dubai para desatar una crisis financiera en la región. Aun si la precisión de los misiles iraníes no se puede garantizar, muchos de ellos seguramente podrían evadir los sistemas defensivos.

    También ha forjado una red de fuerzas paramilitares en la región. Siria e Irak se han convertido en eslabones cruciales en un arco estratégico chiita liderado por Irán que se extiende desde Afganistán hasta el Líbano. Las fuerzas de representación del régimen incluyen segmentos de la población chiita de Afganistán, milicias chiitas iraquíes y el Hizbulá, que controla el sur del Líbano y tiene miles de cohetes listos apuntando a Israel.

    Irán puede movilizar miles de atacantes suicidas extremadamente dedicados a sacrificarse por la causa del islam chiita y del nacionalismo que el régimen ha promovido: cualquier ataque militar importante podría resultar en un infierno regional incontrolable. Ambas partes tienen buenos motivos para no empezar una guerra.

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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