¿Dónde está la silenciosa mayoría cívica?

03 sep 2019 / 17:11

    El temor a una recesión atenaza a Europa y se difunde por todo el mundo. La retirada del Reino Unido de la Unión Europea ahora parece inminente, y el gobierno de Italia acaba de implosionar. El peso argentino se derrumba, por expectativas de que pronto la administración del presidente Mauricio Macri será reemplazada por otro gobierno peronista. Un atentado en una boda en Afganistán presagia el regreso de una escalada de violencia en ese país. Y crecen los temores a una represión al estilo de Tiananmen contra los manifestantes prodemocracia en Hong Kong. En tanto, Estados Unidos padeció olas de calor; desagradables revelaciones sobre un adinerado pedófilo serial vinculado con ricos, famosos y poderosos; y cuatro matanzas horribles. Cada uno de esos incidentes amerita un análisis sosegado. Pero en medio de un ciclo noticioso que no da respiro, amplificado por redes sociales sin filtro, la respuesta inmediata estuvo dominada por un intercambio de recriminaciones sectarias. Antes, los estadounidenses en general solo veían a las personas con ideas distintas como gente testaruda, insensible, supeditada a intereses económicos particulares o movida por valores o experiencias culturales diferentes. Pero hoy, el afán de llamar la atención en las redes sociales llevó a un discurso de difamación extrema y uso de tácticas de tierra quemada que busca destruir al adversario. Necesitamos con urgencia un movimiento que reúna a una amplia base para hacer frente a esta clase de discurso político. La historia de EE. UU. está llena de ejemplos de personas que colaboraron para resolver (o al menos atenuar) problemas graves, muchas veces enfrentando grandes dificultades y con considerable riesgo para sí mismas. Pero el gradual abandono de la historia fáctica en las escuelas parece haber dejado a muchos estadounidenses sin puntos de coincidencia ni optimismo, necesarios para enfrentar los desafíos como en otros tiempos. A veces uno encuentra héroes en los lugares más inesperados. Por ejemplo, Lane Kirkland, difunto presidente de la AFL-CIO (la mayor organización sindical de EE. UU.), que presidió la Comisión de Política Laboral de la OCDE al mismo tiempo (1989-93) que yo presidía la Comisión de Política Económica. Poco después de la caída del Muro de Berlín, participé en una misión presidencial a Polonia para colaborar en la transición de ese país a la economía de mercado. Fue allí donde me enteré (y pocos meses después me lo repitió en la Casa Blanca Lech Walesa, cofundador de Solidaridad) del apoyo crucial que había dado Kirkland al movimiento contra el comunismo. Contra la firme oposición de miembros izquierdistas de la AFL-CIO, Kirkland ayudó a contrabandear aparatos de fax a Polonia para que los sindicalistas pudieran comunicarse y coordinar sus acciones. De modo que llamé a Lane y le dije: “Tal vez tengamos nuestras diferencias en política económica, pero bendito sea por lo que hizo por los polacos”. La próxima vez que se entere de una acción objetable de alguien a quien considere un oponente, haga una pausa y recuerde que la mayoría de la gente también es capaz de acciones buenas e incluso heroicas. La humanidad dista de ser perfecta; pero cooperando hemos hecho avances notables. No dejemos a las voces más ruidosas de Internet y otros ámbitos silenciar ese mensaje.

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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