Distensión del BCE: no es suficiente

11 ago 2019 / 17:49

    Si se confirman las indicaciones de crecimiento económico desalentadoras en la eurozona, el Banco Central Europeo distenderá aún más la política monetaria en septiembre. La semana pasada, el presidente saliente del BCE, Mario Draghi, mencionó la posibilidad de un nuevo recorte en la tasa sobre depósitos a la vista de los bancos comerciales, que ya está en -0,4 %, Y el BCE está analizando un nuevo programa de compras de activos. Claramente hace falta un estímulo económico. La inflación anual está muy por debajo de la meta del BCE de “cerca de pero debajo de 2%” y los mercados financieros esperan que se mantenga así por varios años. La eurozona ha crecido más lentamente que la economía de EE. UU. desde la crisis financiera global de 2008. El crecimiento ha decaído desde que alcanzó un pico en el tercer trimestre de 2017, y volvió a desacelerarse en el segundo trimestre de este año. Es evidente que los gobiernos nacionales en la eurozona son reacios a ofrecer un estímulo fiscal coordenado, pese a los pedidos del BCE y de muchos economistas. El BCE sigue siendo la única apuesta. ¿La política monetaria por sí sola puede ayudar a mejorar el crecimiento real y la perspectiva de inflación en la eurozona? Más allá de consideraciones técnicas, los responsables de las políticas deben lidiar con dos causas fundamentales de exceso de demanda de reservas del banco central entre los bancos de la eurozona: la demanda muy elevada de activos seguros en general, y la segmentación del mercado interbancario de la eurozona que, si se implementara la graduación del BCE, impediría que los bancos fuertes se beneficiaran de las oportunidades de arbitraje al prestarles a los bancos débiles a una tasa por encima de -0,4 %. Ambas causas son el resultado del sistema bancario disfuncional de la eurozona, en el que la demanda de activos seguros implica un “sesgo nacional” y una fuerte demanda de deuda soberana de los países centrales. Al BCE no le resultará fácil implementar una política que eliminaría la restricción del límite inferior igual a cero sobre las tasas de interés, garantizando a la vez que los efectos distributivos de la política en los bancos y estados miembro de la UE sea neutral. Hacerlo demandará muchos instrumentos y un diseño complejo, lejos del marco simple de una herramienta para un objetivo que era la práctica recomendada antes de la crisis financiera. Las tasas negativas se vuelven menos efectivas con el tiempo y si esto se dilata, pueden tener efectos indeseados. Sin embargo, el principal problema es que ni las tasas negativas ni el alivio cuantitativo por sí mismos pueden afrontar la aversión al riesgo generalizada que retrasa la economía de la eurozona. El BCE está intentando desalentar la demanda de activos seguros haciendo que su tenencia resulte muy costosa, pero no puede abordar las causas del incremento de esa demanda. Es una tendencia global impulsada por varios factores: cambios demográficos, incertidumbre generalizada vinculada a la transformación tecnológica y riesgos políticos como guerras comerciales y el nacionalismo. Pero en la eurozona están exacerbados por la falta de reforma de la moneda única. Más de diez años después de la crisis financiera, los mercados financieros de la eurozona todavía están fragmentados y la oferta de activos seguros está limitada por la política fiscal conservadora de los países del norte de Europa, particularmente Alemania. Los responsables de las políticas de la eurozona deben encontrar la voluntad política de diseñar un paquete integral de medidas financieras y fiscales destinadas a inyectar nueva energía en el proyecto europeo.

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