¿Aprenderá por fin el FMI con Argentina?

17 sep 2019 / 17:46

    La crisis de deuda externa de Argentina, políticamente intratable, es un poderoso recordatorio de que el Fondo Monetario Internacional todavía no tiene una respuesta para tratar la volatilidad de los flujos de capitales internacionales a las economías emergentes y resalta la necesidad de reformas en el Fondo. El electorado argentino comenzó a rechazar las reformas exigidas por el FMI. A fines del mes pasado, con una deuda externa acumulada superior a cien mil millones de dólares y la mayor parte del dinero del Fondo ya desembolsada, Argentina anunció en forma unilateral un “reperfilamiento” de la deuda. Para el pueblo argentino, son malas noticias; para el FMI un fracaso fundamental de sus políticas. Es evidente que la austeridad fiscal y un régimen de flotación cambiaria son inadecuados frente a la volatilidad del flujo de capitales. ¿Qué viene ahora, para Argentina, donde el FMI se esforzará en salvar su programa de préstamos, y para el Fondo mismo? El FMI tiene que idear formas mejores de resolver los problemas de deuda soberana insostenible. Una deuda interna insostenible siempre se puede resolver con reprogramaciones o quiebras. Pero la deuda internacional es harina de otro costal, n el caso de Argentina, se negó a usar su influencia contra los fondos buitres que habían subvertido la reprogramación de 2010, al tiempo que desplegaba un programa de préstamos a gran escala. También tiene que enfrentar el hecho de que para una economía emergente frágil, un flujo de capitales internacionales irrestricto es demasiado volátil. Tras mucho oponerse a los controles de capitales, últimamente terminó avalando (sin entusiasmo) la “gestión de flujos de capitales”, pero solo como última medida cuando todas las demás (en concreto, la dura austeridad) han sido agotadas. En vez de ser la última herramienta de política por considerar, la restricción del ingreso de capitales debería ser una opción rutinaria para muchas economías emergentes. El FMI debería articular su apoyo a los países que apliquen esas restricciones a flujos de cartera inconstantes. Las economías emergentes no deberían incurrir en déficits externos cuantiosos solo porque los inversores extranjeros están eufóricos, ya que esos mismos inversores partirán en masa cuando cambien las condiciones. En vez de tolerar a regañadientes la intervención en el mercado cambiario, el FMI debería promoverla activamente cuando la volatilidad del mercado es claramente disruptiva. Asimismo, los accionistas del FMI tienen que revisar la gobernanza interna del organismo. El programa argentino no es más que la última en una serie de decisiones en las que aparentemente los intereses políticamente motivados de los integrantes más grandes del Fondo han prevalecido, dejando de lado a la Junta Ejecutiva con su excesiva complejidad. Cuando llegue el momento de un análisis ‘post mortem’, se culpará a la víctima. Se mostrarán las deficiencias políticas y de gobernanza de Argentina como explicación de lo que salió mal (y no sin justificación). Pero la cuestión es otra. Se supone que el FMI está para actuar en entornos difíciles. Para hacerlo con eficacia, tiene que reformarse a sí mismo junto con la problemática economía argentina.

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

    TAGS:
    TE RECOMENDAMOS
    A LA CARTA