Cirujanos con párkinson

28 mar 2019 / 00:00

    “Jaime Nebot tiene 42 % de intención de voto y Viviana Bonilla 34 %. En Quito, Augusto Barrera 39 % y Mauricio Rodas 28 %”. 20 días antes de las elecciones del 2014, el encuestador Santiago Pérez pronosticaba los resultados. Al final, Nebot ganó con 22 puntos, no con 8. Y Barrera no ganó con 11 puntos (ni con los 18 que le daba Perfiles de Opinión): ¡perdió con 20!

    No es el único caso: casi ninguna encuestadora vio venir a Lucio Gutiérrez en el 2002; y 4 años antes fueron avasalladas por Álvaro Noboa, a quien Jamil Mahuad ¿ganó? porque Dios es grande y ese año despachaba en Filanbanco... Los casos abundan. Y a ellos se suman los del domingo pasado: para Market, Paco Moncayo ganaba en Quito con 28 % (sacó 17) y al final la elección no fue más que una interna del correísmo, que terminó en favor de Jorge Yunda por sobre Luisa Maldonado. A los electos alcaldes de Cuenca, Ambato y Machala varias empresas los veían terceros, pero ganaron, y con comodidad. Son solo ejemplos.

    ¿Cómo pueden equivocarse tanto?

    El domingo, en un programa poselectoral en Teleamazonas, el PhD Paolo Moncagatta, un agudo analista y profesor de la Universidad San Francisco, dijo que no cree en las encuestadoras. En ninguna. Le pregunté vía correo por qué y respondió que “las encuestas enfocadas en intención de voto han sido utilizadas de forma incorrecta, sin ningún parámetro ético”. No es que esté en contra de esa técnica, pues considera que es una herramienta importantísima para establecer una comunicación de alta calidad entre la ciudadanía y los gobernantes. El problema es que nuestras encuestadoras “publican resultados falsos, manipulan las preguntas o las hacen sin seguir mínimos parámetros científicos de diseño de encuestas”. ¿No tiene, acaso, razón?

    La democracia se construye de cara a los intereses del pueblo, o a sus espaldas. No hay término medio. Las encuestadoras que hacen mal su trabajo se vuelven actores políticos que reproducen intereses de parcela, no del colectivo social. ¿Ayudan a construir democracia? Creo que no: creo que son un peligro. Son como si estuviéramos en manos de un cirujano. Pero con párkinson.

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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