China, comprometida con el multilateralismo

13 sep 2019 / 00:01

En los últimos años, el papel de liderazgo de China a la hora de establecer nuevas instituciones multilaterales incluida la Organización de Cooperación de Shanghái, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB) y el Nuevo Banco de Desarrollo- ha generado temores de que el gobierno pretenda derribar el orden mundial existente. Esta interpretación ignora un punto crucial: China se ha beneficiado inmensamente de ese orden y sigue participando activamente en él. Es más, lo ha llegado a defender ardientemente. China no participó de la formulación de las reglas y estructuras multilaterales que prevalecen hoy, pero en general ha adherido a ellas. Para ganar acceso a la OMC en diciembre de 2001 accedió a una multitud de reglas y alivió o eliminó más de 7.000 aranceles, cuotas y otras barreras comerciales. El sacrificio valió la pena. La pertenencia a la OMC protegió los intereses de China en las relaciones comerciales internacionales, creó oportunidades comerciales y nuevos mercados, y ayudó a elevar los estándares de vida de manera significativa para cientos de millones de personas. Su flamante influencia en los mercados energéticos globales atrajo la atención de la Agencia Internacional de Energía, que surgió luego de la crisis petrolera de 1973 para impedir alteraciones en la oferta. La AIE, creada por los países industrializados bajo auspicios de la OCDE, no tenía influencia sobre China, que no es miembro. Pero al reconocer la importancia de que los mercados energéticos globales sean estables, China empezó a comunicarse regularmente con la organización con sede en París. En 2015, un par de meses después de que el director ejecutivo de la AIE Fatih Birol visitara China en su primer viaje oficial, el país se convirtió en uno de los primeros en activar el estatus de “asociación” con la Agencia, para facilitar una cooperación más profunda. Redobló su liderazgo climático en 2014, al colaborar con la administración del presidente norteamericano Barack Obama para producir una declaración conjunta sobre cambio climático. Esa declaración por parte de las dos economías más grandes del mundo dio el ímpetu que tanto necesitaban las negociaciones que culminaron en el acuerdo climático de París de 2015. Cuando Trump anunció su intención de retirar a EE. UU. del acuerdo, el presidente chino, Xi Jinping, se comprometió a protegerlo. Hoy China es una de las pocas economías importantes que está en buen camino para poder cumplir sus metas de reducción de emisiones. Aunque China se haya establecido como una potencia global en ascenso y un defensor entusiasta del multilateralismo, las instituciones existentes muchas veces no se lo reconocen. A los ojos de China, la imposibilidad de ajustarse a la creciente influencia de las economías emergentes y en desarrollo mina la legitimidad de las instituciones internacionales. Para nivelar el campo de juego, en 2014 creó el AIIB, un prestador multilateral donde China tiene mucho más poder del que tiene en el FMI o el Banco Mundial. Pero aún esa medida no tuvo que ver con abandonar ni derribar el orden global. Los sistemas de gestión y gobernanza del AIIB reflejan estrechamente los de instituciones existentes, como lo hacen sus políticas de inversión. Lejos de enfrentarse a las instituciones multilaterales existentes, el AIIB ha cooperado con ellas. Esto no quiere decir que China nunca vaya a desafiar las reglas o estructuras multilaterales. Por el contrario, cuando se trata de los “intereses centrales” de China -en otras palabras, la integridad territorial- sus líderes se han mostrado inflexibles. Pero esas instancias son la excepción, no la regla.

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