Centralismo, legalismo y burocracia

13 jun 2019 / 20:20

    De tanto en tanto, en mi calidad de provinciana de Guayaquil, me surge un reflejo casi instintivo de rechazo al centralismo, al andamiaje burocrático y a la mentalidad legalista. Esta reacción se origina en sentimientos de postergación e irritación por exigencias de minucias irrelevantes, trabas innecesarias, absurdas y ofensivas. Sí, no soy de la capital, pero los recuerdos de mi infancia en Quito y la convivencia con colaboradores solidarios y de visión nacional, cuando fui directora del Innfa en la época de Eugenia de Febres-Cordero, me salvan del regionalismo irracional. También descubrí que hay “monos” burocráticos al manejar poder.

    Desde lo pragmático, los excesivos trámites en la capital agobian, son costosos y desmedidos. ¿Se ha calculado acaso el costo adicional en la operación de las distintas organizaciones debido a este incesante ir y venir?

    Por supuesto, los burócratas miopes también se reproducen en las provincias, es un mal universal. Lo obvio, de obviedad absoluta, es que los trámites inherentes a cada provincia deben realizarse en su territorio, incorporando la visión de funcionarios locales.

    La torpeza y el efecto retardatario del centralismo, legalismo y burocracia es aún más absurdo; especialmente hoy, que se habla, que se sueña, que se pregona y se conmina a ser innovador. ¡No olvidaré jamás mi estupor cuando recibí del Estado un “Reglamento para Innovaciones”...!

    Los “Homos burocraticus”, como los caracteriza el sociólogo chileno Pablo Huneeus son “un antropoide de la especie mamífera que habitan las oficinas”... “estima que el hombre debiera ser algo a su imagen y semejanza: un funcionario, es decir una cosa que funciona dentro de un mecanismo, un engranaje que da vueltas sobre sí mismo en la forma estipulada por el reglamento...”.

    “...Como gran parte de la especie humana no es eso, el burócrata considera al ciudadano un animal esencialmente desquiciador, culpable hasta que no pruebe lo contrario...”.

    Sí, entiendo la pertinencia de normativas en las organizaciones... pero no la burocracia ideológica, ineficiente y castrante.

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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