Por qué el capitalismo necesita al populismo

12 may 2019 / 19:46

    Las grandes corporaciones están bajo ataque en Estados Unidos. Una intensa oposición local obligó a Amazon a cancelar sus planes de abrir una nueva sede en Queens, ciudad de Nueva York. Lindsey Graham, senador republicano por Carolina del Sur, cuestionó el indisputado poder de mercado de Facebook y su colega demócrata Elizabeth Warren, de Massachusetts, pidió la división de la empresa y presentó un proyecto de ley que asignaría a los trabajadores 40 % de los puestos en las juntas directivas de las empresas. Aunque esas propuestas puedan parecer fuera de lugar en la tierra del capitalismo de libre mercado, EE. UU. necesita exactamente esta clase de debate. Desde siempre han sido los críticos del capitalismo los que aseguraron su correcto funcionamiento, al combatir la concentración de poder económico y la influencia política que trae aparejada. Cuando unas pocas corporaciones dominan una economía, es inevitable que se combinen con los instrumentos del control estatal en una inicua alianza entre las élites de los sectores público y privado. En una era de cadenas de suministro globales, las corporaciones estadounidenses han aprovechado enormes economías de escala, efectos de red y el uso de datos en tiempo real para mejorar el desempeño y la eficiencia en todas las etapas del proceso productivo. Sabiéndose superior a la competencia, necesita pocos favores del gobierno. Las empresas dominantes siempre pueden caer en la tentación de mantener su posición por medios anticompetitivos. Cuanto más influye sobre las ganancias de una empresa la fijación estatal de derechos de propiedad intelectual, regulaciones y aranceles (en vez de la productividad), más dependiente se vuelve de la benevolencia del gobierno. La única garantía de la eficiencia e independencia de las corporaciones mañana es la competencia de hoy. La presión sobre el gobierno para que preserve la competitividad del capitalismo e impida su tendencia natural al dominio de unas pocas empresas dependientes suele surgir de personas de a pie, que se organizan democráticamente en sus comunidades y que, carentes de la influencia de las élites, suelen pedir más competencia y apertura. Hoy que los mejores empleos se concentran en empresas superestrella que buscan a la mayoría de sus empleados en unas pocas universidades prestigiosas, que las pequeñas y medianas empresas encuentran el camino al crecimiento plagado de obstáculos puestos por las empresas dominantes, y que la actividad económica se va de las ciudades pequeñas y de las comunidades semirrurales hacia las megalópolis, hay un resurgimiento del populismo. Los políticos se esfuerzan en darle respuesta, pero nada garantiza que sus propuestas nos lleven en la dirección correcta. La respuesta correcta no es la revolución, sino el rebalanceo. El capitalismo necesita reformas desde arriba, como una actualización de las normas antitrust, para garantizar la eficiencia y apertura de las industrias y evitar el monopolio. Pero también necesita políticas desde abajo que ayuden a las comunidades económicamente devastadas a crear nuevas oportunidades y a preservar la fe de sus integrantes en la economía de mercado. Escuchar las críticas populistas (sin seguir a ciegas las propuestas radicales de sus líderes) es esencial para proteger el dinamismo de los mercados y la democracia.

    Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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