Brexit: la suma de todos los miedos

12 ene 2019 / 00:00

Día tras día, semana tras semana, la mayoría de los británicos piensan que la turbulencia por la salida de la Unión Europea propuesta por su país no puede empeorar. Pero, se pone peor. Se convierte en un caos vergonzoso; una crisis política amenaza con transformarse en crisis constitucional. Mientras tanto, la fecha de salida del RU de la UE se acerca. Quedan menos de 100 días y no existe ningún acuerdo a la vista aceptable para el Parlamento en Westminster y para la Comisión Europea y el Consejo Europeo en Bruselas. El problema comenzó con el referendo de 2016 donde se votó el retiro. A pesar de idear y planificar este desenlace durante años, sus defensores no tenían ni idea de lo que en verdad conllevaría. Su campaña estaba plagada de engaños y deshonestidad. Irse implicaría una bonanza financiera que el RU inyectaría a su Servicio Nacional de Salud. Negociar un acuerdo comercial con la UE después de la partida sería fácil. Otros países harían fila para cerrar acuerdos con RU. Todas mentiras. Las propias conversaciones sobre el ‘brexit’ se vieron dificultadas por la incompetencia de los ministros a cargo. A los negociadores del RU les sobraba certeza ideológica y les faltaban soluciones viables. Las líneas rojas trazadas desde un principio por la primera ministra Theresa May dificultaron aún más su trabajo. Uno de los problemas centrales es cómo evitar reestablecer una frontera dura entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda si el RU respetaba las líneas rojas de May. Esa frontera pondría en peligro el Acuerdo de Viernes Santo de 1998, que trajo paz a Irlanda del Norte tras tres décadas de violencia. Las negociaciones recientes se han estancado en este punto. Gran Bretaña ya ha aceptado que Irlanda del Norte tendrá que quedarse en la unión aduanera hasta que el RU haya concluido un acuerdo comercial de largo plazo con la UE. Hasta entonces, tendrá que haber una política de seguro contra un posible fracaso. Los miembros de línea dura del Partido Conservador de May, y los miembros del Parlamento unionistas democráticos por Irlanda del Norte, de quienes May depende para su mayoría parlamentaria, solo aceptarán un respaldo con un tiempo limitado. Es casi imposible negociar un acuerdo de salida beneficioso a nivel nacional y que resulte aceptable a los nacionalistas ingleses de derecha en su partido. Y está creciendo la presión para que el Parlamento tome control del proceso y elabore un rango de opciones más aceptable. ¿Hay una mayoría a favor del acuerdo de May? ¿El Parlamento se opone totalmente a salir de Europa sin acuerdo? ¿Deberíamos buscar una relación al estilo noruego con Europa y apuntar a quedarnos en el mercado único y la unión monetaria, pagando el costo de seguir aceptando el movimiento libre de trabajadores? ¿Deberíamos intentar posponer la fecha de partida de la UE hasta resolver qué es lo que realmente queremos? ¿Debería haber otro referendo ? Una nube de incertidumbre política pende sobre el RU. Solo cuatro cosas parecen claras: al Partido Conservador le resultará cada vez más difícil complacer a su ala nacionalista inglesa fanática; para salvar al RU del desastre, el Parlamento tendrá que tomar el control del proceso; la vida fuera de la UE dejará al RU más pobre y con menos influencia en el mundo; y cualquiera sea el resultado, el ‘brexit’ será una cuestión divisiva en los próximos años. Sus defensores mintieron. Los costos de abandonar la UE siempre estuvieron destinados a superar los beneficios. El liderazgo político responsable, imaginativo e inclusivo que hacía falta para minimizar el daño no está a la vista.

Este contenido es una producción de Gráficos Nacionales SA Granasa, publicada originalmente en el sitio web www.expreso.ec y protegida por derechos de autor. Su reproducción total o parcial queda prohibida.

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