De un brexit sin acuerdo a un acuerdo sin brexit

11 feb 2019 / 00:01

    Con la reciente firma del Tratado de Aquisgrán, Emmanuel Macron, presidente francés y Ángela Merkel, canciller alemana, renovaron el pacto de amistad franco-alemana, un importante y necesario paso hacia adelante para Europa. Pero no se debió haber dejado fuera de él al Reino Unido, pues es una parte integral de Europa. En su calidad de segunda economía más grande de la Unión Europea, su PIB equivale al de los 19 Estados miembros más pequeños de la UE combinados. Su éxodo sacudiría a Europa hasta su núcleo y destruiría el orden europeo de posguerra. Ahora que el tratado de salida negociado de la primera ministra británica Theresa May ha sido derrotado en la Cámara de los Comunes, todas las opciones están sobre la mesa. La tragedia brexit que se avecina aún podría evitarse en el último minuto. Una retirada británica pondría en peligro la posición fundamental de apertura de la UE hacia el mundo, en particular con respecto al comercio, del cual todos los países, y mucho más Alemania, se han beneficiado.

    También introduciría un nuevo riesgo para la seguridad, ya que Europa perdería la protección incondicional de una de sus dos potencias nucleares justo cuando el presidente de EE. UU., Donald Trump, está socavando la cohesión de la OTAN. El RU perdería su integridad nacional o el marco para garantizar la paz en Irlanda del Norte: el brexit requiere que IN adopte una nueva frontera, ya sea con la República de Irlanda o con Gran Bretaña. Una frontera entre IN y la República probablemente impulsaría al ejército republicano irlandés a volver a la acción, amenazando con renovar el conflicto civil. Pero una frontera entre IN y GB auguraría la ruptura del RU, especialmente si Escocia renovara su propio impulso en pos de lograr su independencia. El tratado de salida de May representa una segunda opción porque incluye una “salvaguarda” en caso de que fracasen las negociaciones sobre la futura relación entre UE y RU. En espera de una resolución, IN permanecerá estrechamente vinculada a la UE, y GB solo mantendrá su membresía en la unión aduanera de la UE. Mas, esto significaría que los bienes que viajan desde IN a GB, es decir, dentro del territorio nacional del RU, estarían sujetos a nuevos controles.

    ¿Por qué centrarse en expulsar al RU de la UE cuando se podría tratar de encontrar una manera para mantenerlo dentro? Este último sería un mejor escenario para la propia Europa. ¿Por qué no tener un sistema en el cual los países receptores y los países de origen compartan los costos de los beneficios sociales para los migrantes? Los países receptores podrían asumir la responsabilidad de administrar beneficios como el seguro de desempleo, el pago por enfermedad y las pensiones. Los países de origen podrían continuar brindando beneficios no relacionados con la relación laboral, tales como subsidios para niños que se quedan en el hogar y servicios para migrantes con edad demasiado avanzada o muy enfermos como para trabajar.

    Tal cambio crearía una situación para la UE en la que todos ganen, pues reduciría el atractivo destructivo del magnetismo creado por los beneficios de bienestar, daría a los británicos la posibilidad de reconsiderar su decisión de salida y les permitiría quedarse en la UE con la cabeza en alto. ¿Qué es más importante: insistir en el principio de que los países anfitriones paguen por la provisión de todos los beneficios sociales, o mantener la membresía del RU en la UE? Para cualquiera que esté realmente comprometido con el proyecto europeo, la respuesta debe ser obvia.

    Hans-Werner Sinn. Profesor de Economía y Finanzas de la Universidad de Múnich, fue presidente del Instituto Ifo para la investigación económica y en la actualidad es miembro del Consejo de Asesores del Ministerio Federal de Economía y Energía de Alemania.

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