¿Boris Johnson y el triunfo de la credulidad?

31 jul 2019 / 00:01

El presidente estadounidense Donald Trump ya ha proclamado que Boris Johnson, el nuevo primer ministro del Reino Unido, es popular porque se lo ve como un “Trump británico”. Después de todo, es ampliamente aceptado que ambos políticos tienen un estilo “populista”. Para los cínicos, esto implica una voluntad de decir mentiras evidentes si hacerlo les da más votos. La etiqueta de populista también se refiere al efecto “de ruptura” de tales líderes, del mismo modo como las nuevas tecnologías han remecido de la noche a la mañana los sectores industriales establecidos. Lo que es más importante: algunos sicólogos sugieren que el éxito de Trump, el brexit apoyado por Johnson y otras causas populistas indicarían que los votantes se están volviendo cada vez más crédulos. Aunque es tentador culpar por esto a las “noticias falsas” y las redes sociales, estudios sicológicos recientes sugieren una explicación diferente y, tal vez, más alarmante. Se suele decir que la gente vota por populistas rupturistas como Johnson en gran medida por rabia y resentimiento. Pero en un artículo reciente, The Economist hizo notar que el populismo y el apoyo a partidos hostiles al ‘statu quo’ van en aumento en un momento en que las encuestas de opinión sugieren que los electorados nunca han estado más satisfechos. Según encuestas nacionales sobre el nivel de felicidad citadas por The Economist, la proporción de británicos que se consideran muy satisfechos o bastante satisfechos con su vida ascendió de 88 % a 93 % entre 2009 y 2017, mientras la cifra de quienes se manifestaron muy satisfechos subió del 31 % al 45 %. En la UE como un todo, la proporción de quienes dijeron estar muy o bastante satisfechos subió de 77 % en 1997 al 82 % dos décadas más tarde. The Economist ofreció teorías variadas para explicar la paradoja de que gente satisfecha esté votando por partidos evidentemente airados, incluido el argumento con base demográfica de que los votantes de mayor edad son más reaccionarios y, al mismo tiempo, están más satisfechos que el resto del electorado. Sin embargo, un nuevo estudio de Joseph Forgas, profesor de sicología de la Universidad de Nuevo Gales del Sur en Australia, apunta a una explicación más profunda y convincente: las personas satisfechas tienden a ser más crédulas. En una serie de experimentos, encontró que los estados emocionales negativos volvían a la gente menos crédula, mientras que una emoción positiva actúa en dirección contraria Forgas vio que estar de buen ánimo elevaba la credulidad de los estudiantes, mientras que una disposición negativa la eliminaba casi por completo. Su principal conclusión es que estar algo deprimido puede volvernos menos crédulos, especialmente cuando necesitamos prestar gran atención al mundo externo. Puede incluso ser un mecanismo de supervivencia codificado en nuestros cerebros por la evolución de nuestra especie. En consecuencia, las emociones negativas funcionan como una leve señal de advertencia evolutiva. Promueven mayor grado de atención y vigilancia, lo que aumenta nuestra sensibilidad a información falsa o engañosa, también en el debate político. Algunos dicen que es imposible que Johnson no caiga bien una vez que se lo conoce. Pero su capacidad de gustar y su talento para inducir un ánimo positivo también desvía convenientemente la atención de la pregunta más importante: si es capaz de gobernar. Puede que la afabilidad de políticos populistas como Johnson sea el secreto real de su éxito. Según estos estudios, también podría ser la fuente del peligro que representan.

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