¿Aprendemos las lecciones?

11 sep 2018 / 00:00

    Refiero con la interrogante, por supuesto, a “las lecciones de la historia” y me acuerdo del otrora célebre y sumamente leído historiador y filósofo norteamericano, Will Durant. Recuerdo también que entre sus pensamientos, que me impactaron, consta aquello de que “ninguna nación grande jamás ha sido conquistada sin antes haberse destruido a sí misma.”

    ¿Qué está pasando en la gran nación que es Estados Unidos, que da la imagen de que quisiera destruirse a sí misma? ¿Por qué se ha tolerado tanto atropello a sus instituciones fundamentales sin la reacción requerida? ¿Cómo ha sido posible llegar a una situación que ha determinado que líderes como Barack Obama vuelvan al no siempre grato ruedo de la política activa y lo hagan con un mensaje tan duro como la actitud del senador John McCain poco antes de fallecer?

    No me atrevo a realizar un diagnóstico, solo me permito destacar los síntomas que desde acá puedo apreciar, bajo la alertadora experiencia de que mucho de lo que le sucede al Ecuador, con mayor razón siendo una nación pequeña, tiene que ver con la incapacidad de aprender de las lecciones de la historia.

    Noto al Ecuador otra vez en fase de Patria boba.

    No quiero perder el optimismo en que, pese a todo, trato de mantenerme pero, como no me gusta pensar con el deseo, aunque me gustaría definirlo como despejado, claro, limpio, veo al porvenir lleno de nubarrones.

    Van a ser dieciséis los meses en que la conducción del Ejecutivo cambió de manos y sin embargo pareciera que la del Gobierno sigue en las mismas manos, deshonestas, que condujeron a la República a la actual crítica situación.

    No aprendemos las lecciones. Muchas de las peores tragedias nacionales se han dado en un clima de profunda división. No se puede hablar, ahora, de un país dividido en mitades, tal cual estaba hace poco, pero el grado de fragmentación en pequeños bloques de intereses diversos, sin un plan nacional que los unifique, es evidente en el tira y jala cotidiano en que cada cual quiere lograr lo suyo sin pensar en lo de todos.

    Resulta triste constatar que el viento fresco es apenas una brisa.

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